Economía

¿Empleado: enemigo pagado?

Cuando se milita como obrero, esas afirmaciones motivan resentimientos contra el empresario.


En una ocasión escuché la expresión “el empleado es enemigo pagado” y como coletilla adicional, la recomendación de que el dueño de una empresa no debe tener lástima con el colaborador ineficiente, incumplidor, con prole numerosa, que no asiste a tiempo y tiene demasiados problemas ¡Bótalo!... Aunque hay excepciones.

Cuando se milita como obrero, esas afirmaciones motivan resentimientos contra el empresario inhumano que no tiene compasión con los demás.

Pero aquellos que apoyan la expresión dolorosa que no se aplica a todos, advierten que sus negocios no son instituciones de caridad; el objetivo es producir y generar dinero.

 

¿Por qué no somos confiables?, los argumentos entristecen, pero exponen las siguientes razones:

Cuando una persona está interesada en una posición se esmeran durante el período de prueba y cumplen sus labores, llegan temprano, trabajan hasta el último minuto, demuestran eficiencia incomparable y, una vez logran la estabilidad, emergen las mañas con sus respectivas mentiras como las que blandean cuando llegan tarde con el cuento preelaborado generalmente relacionado con el “tranque”; no contestan teléfonos, demoran la producción, trabajan a desgano y despreocupados por la misión encomendada.

El empleado – dicen algunos empresarios -- es traicionero, portador de chismes, no sabe hacer sus labores pero, cuando le conviene, domina preceptos legales del Código de Trabajo y unos, por un puñado de dólares, roban mercancías o espían para suministrar datos al competidor. Las intrigas desmoralizan al personal y constituyen una forma sutil de socavar las bases financieras de la empresa porque en algunos crean situaciones depresivas que inciden sobre el rendimiento y, en ocasiones, desembocan en trifulcas o en la creación de grupos adversos que, en vez de trabajar en equipo, se constituyen en chispa permanente de confrontaciones. Es lamentable, pero entre empleados que somos “enemigos pagados”, existen formas para desestabilizar las finanzas de las empresas y una de ellas es desmoralizando al personal haciéndole creer que es valioso, pero está mal pagado, subestimarlo, menospreciar su lealtad y humillarlo hasta convertirlo en un resentido que escudriña hasta la más mínima oportunidad para crear jalones de hechos que podrían llevar el negocio a la quiebra.

 

Que triste escuchar que “el empleado es enemigo pagado” pero, con pesar admitamos, que la expresión encaja en personas que aparentan lealtad pero son unas víboras. Es desagradable admitirlo, pero la realidad es esa.


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441078
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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