Probablemente hace un par de años atrás, el concepto de negocio que tuviera en mente cualquier persona con un espíritu empresarial le solía pasar dos cosas: no llegaban a madurar su idea porque las opciones de financiamiento eran limitadas, o al final de la carrera se daban por vencidos.
Pasaba también, en ese momento, que las escuelas o universidades ejercían la función de una fábrica de formación de conocimientos básicos, que sólo podían ser aprovechados por el empleador.
A partir de allí, salen del cascarón unas nuevas preguntas, como por ejemplo: ¿Estudio para ser independiente o formar parte de la planilla del empleador?
Posiblemente la segunda opción sea la más fácil y expedita en el mercado, sin embargo, se pierde la oportunidad de darle un giro a la vida profesional.
Los fondos iniciales de nuevos negocios provienen casi exclusivamente del propio emprendedor y/o inversionistas informales, según Federico Fernández, profesor de la escuela de gerencia IESA.
Un informe elaborado por el Generador de Empresas (GEM) que está ubicado en Ciudad del Saber durante el 2009, reveló que una persona necesita en promedio 17 mil 759 dólares para emprender su propio negocio. De los cuales debe aportar, de su propio bolsillo, prácticamente la mitad de ese capital.
Dar el primer paso no es sencillo, pero existen casos de empresarios exitosos como Bill Gate, Carlos Slim o hasta su propio jefe, que se atrevieron a descifrar el concepto de innovación empresarial.
Motivo por el cual ahora se han sumado nuevos adeptos a esta modalidad, pero quizás no los suficientes.
En Panamá, una de cada 10 personas está llevando a cabo proyectos emprendedores, según un estudio elaborado por el GEM.
El documento también revela que sólo el 4% de la muestra mantiene un negocio con vida por más de 42 meses.
En ese sentido, 9.6% de los panameños cuenta con un negocio propio.
Ahora, con el apoyo de nuevas entidades dedicadas a fomentar nuevos conceptos empresariales, estas han despertado el interés de los panameños que han decidido desarrollar su propio negocio.
Un vínculo directo entre el emprendedor con el inversionista es el evento First Tuesday.
El lugar reúne a los aspirantes a una opción de financiamiento, poniendo como garantía su idea de negocio.
Juan Planells, coordinador de First Tuesday, mencionó que la convocatoria al evento surge con el fin de fortalecer el talento empresarial del país.
Antes, sólo la Autoridad de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (Ampyme) se dedicaba ha atender las ideas con sentido independiente.
Irónicamente, ahora son precisamente los empresarios denominados “ángeles inversionistas”, los que están depositando la confianza en aquellos emprendedores, eso sí, antes deben convencerlos de que su idea es mejor que todas las que previamente han escuchado.
Actualmente, la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt), el Programa de fideicomiso para el Financiamiento de la Competitividad y la Productividad (Findec) y Venture Club están respaldando proyectos innovadores.
El rango del financiamiento va desde el 50% al 65% de la propuesta que presente el emprendedor.
En First Tuesday se desarrollan dinámicas como la “conversación del elevador”, en donde el participante expone su propuesta de la forma resumida con el objetivo de convencer a los “ángeles inversionistas”.
Pero estos facilitadores tampoco dan todo en bandeja de plata. Su manera de operar se basa en diversas alternativas de financiamiento, pero con una condición... se tratan de créditos de riesgo compartido, o sea que una parte la costean ellos y el otro porcentaje el emprendedor.
Esto con el fin de que la persona empiece a valorar su llave de acceso al mundo empresarial.
Un estudio elaborado por la Ampyme en el 2006, reveló que la demanda insatisfecha de microcréditos era en ese momento de 245 millones de dólares. Probablemente ahora sea un poco más, ya que el 96% de las empresas erigidas a nivel nacional son Mipymes.