Si tuviéramos que escoger dos palabras que se han convertido en costumbre por ser utilizadas en países durante los últimos cinco años, cuando se hace referencia a la competitividad, estas serían emprendimiento e innovación.
Los emprendimientos innovadores son aquel subconjunto de las pequeñas y medianas empresas, que cumplen con ciertos criterios y que en mediano plazo tienen potencial de crecer para salir de esa categoría.
Al contar con equipos emprendedores potentes, tener tendencia a la acumulación, sus modelos de negocio, productos o servicios altamente diferenciados, tienen alto potencial de crecimiento.
Las empresas emergentes de alto potencial de crecimiento son las responsables del mayor impacto en creación y mantenimiento de empleos de alto valor. De igual manera, inciden en el crecimiento económico.
Diversos estudios indican que es necesario que exista lo que se denomina un ecosistema de emprendimiento, que permita que este tipo de empresas se desarrollen.
Estos ecosistemas incluyen aceleradores de empresas, fondos de capital semilla, redes de ángeles inversionistas, fondos de riesgo, tutores de emprendimientos y diferentes políticas públicas que fomenten la creación de los elementos del ecosistema y su interacción dinámica.
Hay países emergentes o recientemente desarrollados que han logrado articular estrategias exitosas en la creación de estos ecosistemas.
Resalta el ejemplo de Estonia, que hace veinte años era una remota república soviética y actualmente es una potencia del emprendimiento innovador. Con solamente 1.5 millones de habitantes, cuenta con un sistema de fondos de capital de riesgo públicos y privados y aceleradores de empresas por los que pasan anualmente decenas de emprendimientos innovadores.
En América Latina, el ejemplo a destacar es Chile, por años ha desarrollado un ecosistema propicio -impulsado inicialmente por el Estado- que atrae y financia anualmente aproximadamente emprendimientos con la finalidad de establecerse en Chile, fomentando la inversión de capital ángel, de riesgo y emprendimiento.
Los resultados del estudio de Global Entrepreneurship Monitor (GEM) indican que la tasa de emprendimiento temprano de Panamá es la más baja de Latinoamérica, pero en contraste su tasa de emprendimiento por oportunidad es la más alta de la región.
El nivel de innovación en el emprendimiento, visto desde el punto de vista de los emprendedores, es bajo.
Estos datos demuestran que la ventana de oportunidad está abierta.
A mi criterio, en Panamá están dadas las condiciones para insertarnos adecuadamente en la economía del conocimiento, nos queda reforzar políticas públicas y crear un ente coordinador en este tema.