En los últimos días del pasado mes de junio tuvo lugar en Buenos Aires, Argentina, la segunda convocatoria de este año, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre temas vinculados al desarrollo de las microempresas en América Latina. En ella se abordaron temas relativos a los servicios financieros, mientras que la primera reunión que tuvo lugar en Río de Janeiro, Brasil en marzo pasado, versó sobre los temas relativos al desarrollo empresarial de estos empresarios.
La importancia de este sector en América Latina y el Caribe, está dimensionada por el hecho de que, a mediados de los noventa, se estiman existían más de 50 millones de microempresas dando empleo a más de 120 millones de personas; esto es, más de la mitad de la población activa de la región.
Mientras que en el resto de la región latinoamericana este sector es objeto de una creciente atención, en nuestro Panamá continuamos distraídos, salvo contadas excepciones, en temas y programas que poco o nada ayudan al fortalecimiento y desarrollo de las micro y pequeñas empresas nacionales.
Pareciera que hemos olvidado el gran potencial que ellas tienen como fuente de alivio de la pobreza y como nutrientes de la clase emprendedora que deberá llevar el país, en el nuevo milenio, a una actividad económica basada primordialmente en el espíritu empresarial de sus miembros.
Como consecuencia de las vivencias obtenidas de los dos encuentros, pretendo resaltar tres temas que han sido los ejes centrales del éxito alcanzado en países como, Brasil, Perú y Bolivia entre otros, en el fortalecimiento de este sector de la economía.
El primer tema es darle jerarquía e importancia efectiva al sector de los empresarios de micro y pequeñas empresas dentro de las políticas y programas del Estado y de los actores políticos.
No basta con que hablemos de ello y nos arropemos con la bandera de los "microempresarios" tenemos, como país, que desarrollar un mecanismo que al más alto nivel del gobierno, se convierta en un efectivo prisma y filtro de todas las actuaciones, acciones y políticas gubernamentales, de forma tal que todas estas sean analizadas desde el punto de vista de su impacto diferenciado sobre los diversos sectores empresariales de la actividad económica (léase empresas grandes, medianas, pequeñas o micro). El mejor ejemplo lo ha dado Argentina con el establecimiento de un Ministro de Estado que particpa del consejo de gabinete todas las semanas.
Es decir, la responsabilidad del gobierno debe ir más allá de acciones generalizadas de desarrollo. Los sectores empresariales más débiles, frágiles e incipientes deben tener un representante con autoridad que garanticen que cada actuación y decisión del gobierno ha sido analizadas tomando en cuenta su impacto, bueno o malo, sobre ellos.
Debiéramos, todos, gobierno y sociedad civil, para lograr el "desarrollo sostenible" de las micro y pequeñas empresas, actuar con mecanismos, grupos, autoridades y programas similares a los que estamos viendo actuar exitosamente en el tema del medio ambiente.
El segundo tema se refiere a la promoción de actividades encaminadas al desarrollo empresarial de estos empresarios vía subsiduos a la demanda de los servicios y dejando que sea el mercado que determine quiénes son los oferentes y los productos exitosos. En este tema estamos hablando de productos de formación, de consultoría, de innovación, de incubación, de comecialización.
Estas actividades están siendo ejecutadas en estos países por organizaciones privadas de desarrollo con el apoyo de la banca multilateral y los donantes internacionales. Pero debe tomarse en cuenta que las entidades exitosas y pujantes persiguen celosamente la búsqueda de la autosostenibilidad y la orientación hacia el cliente. La agenda de necesiddes y su priorización debe ser una decisión individual de cada empresario de pequeña o micro empresa. Es él, el que debe demandar lo que percibe que le sirbe o necesita; esto es, el sistema debe estar diseñado para ayudarlo a lograr la compra de la solución y no al revés.
El tercer tema es el desarrollo de entidades privadas especializadas bien capitalizadas, eficientes, exitosas y rentables que efectúen lo que se ha denominado la actividad de microfinanzas. El éxito de estas empresas ha radicado en el desarrollo de una tecnología propia para otorgar préstamos pequeños a miles de clientes, rompiendo de paso con el paradigma de que son "peores" sujetos de crédito.
Pero la gran cantidad de pequeñas transacciones, clave del éxito, fue facilitada por el acceso a fondos de capital, de ahorros de sus propios clientes, y de préstamos bancarios. Pero, cabe preguntarnos como fue ello posible en una actividad con aparente alto riesgo, elevados costos de operaciones y una misión más social que comercial.
La respuesta la encontramos en unas operaciones manejadas como estrictamente de negocio, con completa cobertura de costos, focalización estricta en su cliente y las características de su mercado, una capitalización conservadora, y un entorno de supervisión y regulación que, reconociendo su "especial" carácter, les ha permitido mostrar la transparencia y seriedad que se requiere para que sus clientes, los inversores especializados y la banca en general los premie con el apoyo y la confianza, indispensble para su crecimiento y maduración.
Este último aspecto es muy relevante, por cuanto que simplemente asimilarlas a las supervisiones de los bancos en igualdad de condiciones, las condena a costos excesivos operativos y de capitalización, les complica el proceso indispensable de aprendizaje y estabilización paulatina de la cartera de crédito a lo largo de su crecimiento y maduración. Además, las empujaría a entrar en otros negocios bancarios distintos a la microfinanzas o microintermediación, comprometiendo con ello la cultura básica del negocio.
Entiéndase bien, se requiere de supervisión para asegurar transparencia, pero no al precio de matar a la gallina de los huevos de oro. El caso panameño de Mibanco y su licencia bancaria es un ejemplo típico del actuar gubernamental sin medir su "impacto" sobre la micro y pequeñas empresas del país.
Los incito a que meditemos y actuemos en un esfuerzo concertado por salvar a unos panameños en extinción, los empresarios de micro y pequeñas empresas.