Agricultura: se define en términos simples como la Técnica y Práctica de laborar la tierra, extrayendo de ella alimentos para sostener la vida de humanos y animales, una definición simple, pero una realidad o práctica compleja, llena de incertidumbre, de golpes duros dados por la naturaleza, las plagas, el hombre y los mercados.
En Panamá, para nuestro entender, la agricultura apenas si ha llamado la atención, para aquellos que planifican las políticas socio-económicas, en que cada año se estratifican el funcionamiento del Estado, es decir, lo que se observa es que se dedica más interés a los sectores comercio, industria y servicios, dejando al sector agrícola a su propia suerte.
Hoy día en Panamá tenemos un sector agrícola disminuido, con una tecnología atrasada, sin financiamiento, con desprotección y una asistencia técnica no actualizada, sin orientación hacia dónde dirigir su rumbo, en aras de encontrar su desarrollo y consolidación.
El Estado ha venido implementando una política agrícola, improvisada y no apropiada, es decir, que no hay metas definidas, como por ejemplo, elevar la productividad por unidad de producción según los rubros, y que esta productividad sea cónsona con nuestros competidores en los mercados. No se observa un Plan Nacional Agrícola, que involucre la tecnología, la investigación, el crédito, el financiamiento de planes y no de cultivos agrícolas; la capacitación constante didáctica, práctica y personalizada en comercialización; la información oportuna, precisa y confiable sobre clima, fuentes de aprovisionamiento, insumos, créditos, transporte, tecnologías, precios, competitividad, mercados y políticas comerciales, organización y fortalecimiento empresarial.
Los agricultores panameños han de aceptar la realidad de la globalización y la apertura de mercados, para lo cual su única oportunidad de sobrevivir a este cambio drástico, sería lograr ser más competitivos, pero esto sólo se obtiene basándose en eficiencia y productividad. Sin embargo estos dos aspectos solos, podrán ser aplicados cuando el productor entre en el conocimiento de las mejores técnicas para producir en su propio ambiente. Sólo así podría aplicar tanto las reconversiones de cultivos, como también de tecnología y mercado; de no ser así, no tendrá ninguna posibilidad. Por esta razón el Estado a través del sector agrícola oficial, debería revisar en conjunto con los agricultores y entes relacionados al sector agrícola, lo que tenemos, lo que hacemos, y lo que juntos nos corresponde hacer en bien del sector agrícola nacional.
Para nosotros es la técnica de transformar y adecuar materias primas de origen agropecuario en general, adicionándole valor agregado mediante procesos diversos.
En reciente encuentro que sostuvimos los que nos activamos en la pequeña y mediana agroindustria del país, concluimos casi por unanimidad que esta actividad muestra signos de poco desarrollo, por lo que no puede bajo sus estatus actuales, aportar al beneficio socio-económico nacional, tal como ocurre en otros países que compiten en nuestro mercado interno.
La falta de un recurso humano debidamente capacitado en la rama agroindustrial, con base de conocimiento sobre la producción y abastecimientos de materias primas a las agroindustrias con conocimiento sobre las tecnologías de dominio de la evaluación y formulación de políticas administrativas dinámicas a nivel de la empresa agroindustrial, así como de una compenetración técnica sobre el movimiento, transformación y oportunidades del mercado interno y externo, serían entre otras cosas, los aspectos más ausentes del desarrollo de la Agroindustria en Panamá.
La apertura del mercado interno de manera abrupta a raíz de nuestro tardío ingreso a la O.M.C. y su consecuente disminución arancelaria, sin que antes se hubiera estructurado y fortalecido nuestra agroindustria nacional, nos coloca, refiriéndonos a la mayoría de las pequeñas y medianas agroindustrias nacionales, en desventajas competitivas en los mercados nacionales, lo cual se puede ver con sólo mirar los anaqueles de los Supermercados y Expendios de Productos Agroalimenticios.
Adicional a lo que arriba hemos expuesto, habría que agregar las otras deficiencias del sector, partiendo de que no hay una legislación técnica, que defina el concepto agroindustrial en Panamá, de modo que se ubiquen las fronteras entre la producción, primaria y la industria, a fin de poder ordenar un régimen y una política agroindustrial con sus propios planes e incentivos tal como ocurre en otros países.
Somos del conocimiento que ningún país pequeño puede hacer una producción agrícola eficiente si no cuenta paralela o integralmente con la agroindustria, a fin de aprovechar en su totalidad la materia prima obtenida de cada cultivo.
El Estado tiene que hacer lo que le corresponde en materia agroindustrial, como facilitador y ordenador, mejorando la infraestructura, adecuando legislaciones, promoviendo confianza en el financiamiento, en el consumo y en los mercados, por lo que debería crearse un Instituto de Desarrollo Agroindustrial Autónomo, que promueva la propia actividad hacia el Nuevo Milenio.
Al empresario y a los productores le corresponderá actuar, para producir materias primas y productos de calidad y sanidad acorde con la salud y el medio ambiente, generando las fuentes de trabajo y capacitando al recurso humano, contribuyendo así al desarrollo económico del país en general, y sugerimos que el sector privado esté organizado en la Cámara Agroindustrial de Panamá.
Meritoria y costosa para la mayoría de los que han estado y están actualmente en ella, pero quizá la más importante de las alternativas actuales y futuras de nuestro sector agrícola.
Lamentablemente a diferencia de otros países con mayor vocación agrícola en Panamá, la Agroexportación a pesar de haber contribuido importantemente en la generación de empleos, no ha logrado el respaldo del sector financiero privado, y el estatal ha sido insuficiente por lo que, al no haber transnacionales invirtiendo en este sector como ocurre en otros países, la actividad ha estado en manos de agricultores sin recursos ni posibilidades para invertir y aplicar tecnologías que le permitan ser competitivos en su principal mercado que es Estados Unidos y en los nuevos en que podrían participar a nivel del Estado.
Dar prioridad a la promoción del Riego por Goteo como una tecnología, sin un período de gracia para su acople al cambio en la producción y sin un flexible financiamiento, hacen que hoy día los agroexportadores tengan una inversión en sistemas de riego por goteo que superan los B/.2.5 millones de balboas, como un activo obtenido a muy corto plazo, produciéndole una descapitalización de sus trabajos, y en otros casos un incremento de los intereses por mora con el sector comercial. Pero lo más preocupante de todo es que esta herramienta por sí sola no resuelve, ni asegura mejoramiento productivo, por lo que, al no introducirse el resto de las tecnologías del proceso agroproductivo, no se puede esperar ser competitivos, con quienes sí han desarrollado y aplicado estas técnicas muchos antes que nosotros y a quienes nos enfrentamos en los mercados internacionales.
El sector agroexportador, además del Riego por Goteo tan difundido, requiere de los materiales de semillas híbridas de larga vida (frutos de mayor vida en anaquel y de transporte largo), la diversificación del riego, la nivelación de los suelos, la producción de semilleros para transplante, la plasticultura de suelo y área en los cultivos, las técnicas y mecanización de las cosechas, los sistemas mecanizados para el empaque y clasificación de los frutos, la red de frío para mantener el producto en temperaturas adecuadas, los materiales de empaques apropiados y la organización tecnificada para la comunicación y recibo de información de los mercados, así como un sistema de información de los mercados y un sistema de información agraria, serían entre otras, tecnologías que le hacen falta al sector agroexportador, para lograr opciones de competitividad internacional y tener así mayor capacidad para incrementar la producción de agroexportación y la diversificación de la misma, sólo así podríamos hablar de las alternativas viables de la reconversión hacia la agroexportación.
Como vemos y tratando de ser lo más objetivo posible, al igual que sin pretender incomodar a nadie, no resulta muy difícil diagnosticar nuestras debilidades como sector productivo como tampoco señalar de qué manera podría enfrentarse la realidad con mayores posibilidades, esto no quiere decir que no reconozcamos la buena intención de algunos avances que los gobiernos han hecho en el sector. A lo que nosotros nos referimos es que no ha sido ni suficiente, ni a tiempo, como se requería, pero la realidad es que estamos próximos al nuevo milenio, con un mercado abierto sin restricciones y obligados a los acuerdos de comercio mundial competitivo, con un grado de desánimo productivo muy alto, ante la incertidumbre, falta de apoyos y conocimientos y con una gran necesidad de crear alternativas sólidas de generación de empleos, principalmente en nuestros sectores rurales y semiurbanos.
"En el Agro está la solución".