Chiriquí, en el estratégico límite con Costa Rica, la vecina y potencia agroindustrial centroamericana, es una carta de presentación de Panamá en el tema agropecuario y pujanza productiva nacional.
Bendita por la naturaleza y no comprendida aun por el hombre, la altiva región bananera, por excelencia, naturalmente bien dotada de parajes únicos en el istmo, ganadera, arrocera, productora de magníficas hortalizas, aun espera un mayor empuje, apoyo estatal e inversión privada, para desarrollarse como una potencia agroindustrial, su destino, por naturaleza y trabajo de sus gentes.
La provincia de Chiriquí es la tercera en importancia en Panamá, posee poco menos de un seis por ciento de la superficie agropecuaria de Panamá y es la segunda región más poblada del país con 418 mil 100 habitantes, es decir, casi un 16 por ciento de la población nacional, de acuerdo con el censo agropecuario de 1997.
Variedad en climas, suelos fértiles, Chiriquí es el corazón agropecuario nacional, donde se crían caballos pura sangre, se producen flores, café, cítricos, tubérculos y granos básicos para beneficio de todos los nacionales y la exportación, donde el banano es el rey de las frutas internacionales desde hace un siglo.
Exótica, limpia, legendaria, siempre en primera plana, rey absoluto de los mercados norteamericanos, europeos y asiáticos de origen milenario, cultivada por sofisticadas tecnologías, el banano cruza los océanos con su presencia singular desde Chiriquí y también de Bocas del Toro, otorgándole un sello de calidad a Panamá en el mundo.
Muchos aun se preguntan, bombardeados por la Sociedad Global de los Servicios y que son muy importantes, si el agro tiene importancia, la agricultura, en el siglo XXI y si no debiéramos limitarla al mínimo de la sobrevivencia. Pregunta radica y plagada de ignorancia, por supuesto, porque el agro mantiene el equilibrio entre la vida urbana y rural, preserva el paisaje, además del indudable impacto socioeconómico en el país por su papel de generador de empleos directos masivos.
El fracaso de Seattle, la ronda del Milenio, más bien la rebelión contra la OMC, es un tema que se debe vincular a la agricultura, al futuro de los países en desarrollo del mundo, muchas veces dependientes de sus exportaciones agropecuarias. La reciente reunión de Davos, jefaturada por las naciones más desarrolladas, al menos, puso atención a otros temas sensibles para el destino económico de la humanidad y manejó otras variables más allá de las frías finanzas, bolsas, del gran juego económico internacional y le hincó el diente un poco a los excluidos.
La agricultura está en la mesa del pellejo, y por ello, CADE 2000 en Chiriquí, es un preámbulo a soluciones de importancia, indiscutible y ha sido una decisión acertada del capítulo de APEDE en esa región altiva, pero productiva.
Felipe Rodríguez, ex presidente de APEDE, oriundo de Chiriquí, orgulloso de su provincia y gentes, ha hecho un diagnóstico y presentado algunas propuestas en este foro, que concluyó ayer domingo, con una serie de conferencias sobre Estrategia financiera del Gobierno y su Impacto en el sector Agropecuario (Ministro de Economía y Finanzas, Víctor Juliao) y organización clave de la competitividad del sector (Víctor Celaya del Toro, Director Estudios Económicos, Consejo Nacional Agropecuario de México).
El ex presidente de APEDE y conocido empresario de la localidad, Felipe Rodríguez, llamó la atención que el sector privado panameño presentó una propuesta para una estrategia nacional de desarrollo, que formula una visión de futuro del país y tiene una base metodológica y conceptual utilizada con éxito en la gestión empresarial.
Las solicitudes no están en el corto plazo, ni al mediano, sino en el largo plazo, pero debemos actuar ahora, porque es impostergable en el caso del golpeado sector agropecuario, puntualizó el empresario chiricano.
Sabemos, recordó Rodríguez, de las limitaciones de nuestra agricultura en materia de tecnologías desarrolladas y de la educación de nuestra gente, y por lo mismo decimos que ahora es cuando debemos de empezar con coherencia, energía, planeamiento activo y decidido para dar un empuje vital a nuestro campo y gente.
¿Qué haría ciudad de Panamá con miles de inmigrantes no preparados para los servicios si no desarrollamos nuestra campiña?, se interrogó con preocupación Felipe Rodríguez. No es una pregunta demagógica, añadió, sino una realidad que poco a poco se va cumpliendo, sino veamos los bolsones de inmigrantes de provincias en San Miguelito.
Levantar, atender, mejorar, estabilizar, hacer más rica nuestra agricultura y sector agropecuario es una tarea nacional, planteó y una acción gubernamental urgentemente necesaria.
Mañana, sentenció Felipe Rodríguez, puede ser demasiado tarde.