La Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO) puso de relieve ayer en Roma el papel esencial del agua y, especialmente, de la irrigación, en la lucha por la seguridad alimentaria, al tiempo que insistió en la necesidad de ahorrar este recurso.
El 70% de toda el agua utilizada por los habitantes del planeta está dedicada a la agricultura, un porcentaje que puede alcanzar entre un 85 y 90% en ciertos países en vías de desarrollo, recordaron los expertos en un debate celebrado en el marco de la cumbre mundial de la alimentación.
La irrigación concierne menos del 20% de las tierras cultivadas, pero contribuye en un 40% a la producción alimentaria mundial.
En 1999, el 42% de las tierras de labradío en Asia estaban irrigadas, el 31% en Oriente Medio y en el norte de Africa, 14% en América Latina y en el Caribe y sólo un 4% en Africa subsahariana, donde el costo de la infraestructura sería demasiado elevado.
Según las proyecciones, la irrigación en los países en desarrollo progresará un 14% de aquí a 2030, con un ritmo más o menos sostenido de 0.5% anual y de 1.5% en los últimos años.
Irrigar cuesta caro, tanto en inversiones como en mantenimiento. "Se necesitan estructuras, personal, constantes reparaciones", explicó Jean-Marc Faures, experto del Departamente de Recursos de Agua de la FAO. "Si los campesinos que utilizan la red de irrigación pueden organizarse para gestionarlo, lo harán mejor que una agencia", aseguró Faures.