1. La familia. Es la base de la sociedad y debe ser el núcleo en el que absorbamos la gran mayoría de los valores que profesamos a lo largo de nuestras vidas. Tuve la dicha de crecer en una familia unida y numerosa, en la que siendo el menor, me tocó ver y aprender mucho de mis hermanos y mis padres. El día a día familiar va determinando lo que será de nosotros en las distintas etapas que atravesamos, desde la escuela, los amigos y vecinos, estudios superiores, vida profesional, sentimental y por supuesto, en las facetas adicionales que adoptamos sobre la marcha, como lo es en nuestro caso, el servicio a la comunidad.
2. Saber Escuchar. Dice un viejo dicho que "el que no escucha consejo no llega a viejo". Saber hablar y lo que se va a decir es importante, pero más importante es saber escuchar (no solo oír, sino escuchar). El escuchar con respeto y buscar aprender de lo que escuchamos aumenta nuestro conocimiento más allá de lo que la educación formal nos brinda. Se aprende a aceptar (aun cuando no se comparta) el modo de pensar ajeno, se aprende de las experiencias de terceros, se mejora nuestro vocabulario, aumenta nuestra capacidad de análisis y toma de decisiones, es parte esencial de un debate sano y de altura, pero sobre todas las cosas, nos ayuda a aceptar que no somos dueños absolutos de la verdad y que siempre habrá aportes que enriquecen y complementan nuestras ideas.
3. Predicar con el Ejemplo. En todos los aspectos de la vida es iluso pretender hacer un cambio si no somos parte del mismo. No podemos pedirle a una sociedad que haga lo correcto si nosotros no lo hacemos. No podemos pedirle a nuestros hijos que tengan un recto proceder si ante ellos deliberadamente actuamos de manera reprochable. Esto se hace réplica en nuestros trabajos, nuestras relaciones comerciales y sociales, en fin, en todo aspecto o faceta de la vida en que busquemos hacer sentir nuestra posición. Todo cambio empieza con "el hombre del espejo", debemos preguntarnos qué tan dispuestos estamos a sacrificar nuestros viejos hábitos buscando mejorarlos, o qué tanto esfuerzo estamos dispuestos a hacer para eliminar nuestras malas prácticas, antes de tan siquiera intentar proponérselo a terceros. El mundo nos mira y es testigo de nuestro actuar.
4. Pies en la Tierra. Es necesario soñar y tener ambiciones en la vida, son el primer paso a asumir retos y aprovechar oportunidades; sin embargo, debemos dimensionar nuestras acciones. Buscar metas que sean realizables en un marco de tiempo, conocer nuestras ventajas y limitaciones ante los retos que tomamos, tener claro los resultados que esperamos e igualmente tener una manera de poder medir los mismos, ya que lo que no se mide no se puede mejorar.
5. Cariño por lo que se hace. No hay nada mas frío que hacer las cosas mecánicamente, por cumplir o peor aún, por salir del paso. Reza un dicho que "es bueno hacer lo que se quiere, pero mucho mejor es querer lo que se hace", esto es totalmente cierto, meterle cariño a lo que hacemos marca la diferencia entre un resultado promedio y uno excelente. No hay mayor satisfacción que ver aquella idea que una vez se tuvo, o aquel proyecto que alguna vez soñamos, tomar la forma que esperábamos y mucho más, gracias al cariño, interés y dedicación que le hayamos sabido imprimir. Este cariño es contagioso y se convierte en ente multiplicador del éxito de lo que hacemos.