El crecimiento aletargado de Japón y Europa es un peligro para la economía mundial, dijo Estados Unidos ayer en la víspera de un encuentro de funcionarios financieros del Grupo de los Siete países más industrializados.
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Lawrence Summers, cuyo país disfruta una expansión económica a punto de batir los récords, dijo que exhortará a Europa y a Japón a poner su casa en orden a fin de que ellos también puedan alcanzar un crecimiento al estilo estadounidense con baja inflación.
"No se puede tener un crecimiento mundial balanceado sin un crecimiento más rápido en Europa y Japón", dijo Summers en una conferencia de prensa tras reunirse con el primer ministro japonés Keizo Obuchi.
Japón trató de evitar una crítica más aguda de Estados Unidos en la reunión del sábado al comprometer a mantener las tasas de interés cerca de cero a fin de aliviar el impacto de unas reformas económicas profundas.
El tema de si Japón ha aplicado las políticas correctas para reforzar una recuperación aún frágil en la segunda economía del mundo fácilmente dominará el encuentro de ministros de Finanzas y jefes de los bancos centrales, que se desarrolla en un marco relativamente benigno de un mejorado crecimiento mundial.
Pero aunque la prioridad de Tokio parece estar en evitar un aumento mayor del yen que podría encarecer demasiado las exportaciones japonesas, los socios de Japón en el G7 quieren asegurarse de que no vaya a aflojar en sus esfuerzos de impulsar el crecimiento mediante unas tasas de interés ultrabajas, un masivo gasto deficitario y unas reformas de largo alcance.
"La razón por la cual es ampliamente creído que una política concentrada en los elementos fundamentales es lo apropiado, es que son los elementos fundamentales los que al final determinan los desempeños económicos", dijo Summers.
Además de Japón y Estados Unidos, el G7 lo integran Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia y Canadá.
Los comentarios de Summers parecían indicar que es difícil que el G7 haga más que reiterar su "preocupación" por el efecto que el alza del yen pudiera tener en las perspectivas económicas de Japón, una declaración que el grupo adoptó en su última reunión en Washington.
Japón viene buscando desde hace tiempo un compromiso más concreto del G7 para ayudarle a frenar el fortalecimiento del yen, quizás mediante intervenciones en los mercados cambiarios, algo que Washington rechaza, al afirmar que los tipos de cambio los deben decidir los mercados y no los gobiernos.
Sensibles a las críticas de Estados Unidos y ansiosos de que la reunión del sábado se desarrolle sin contratiempos, las autoridades japonesas no tardaron en ofrecer garantías de que harán lo posible por impulasr el crecimiento.
El gobernador del Banco de Japón, Masaru Hayami, dijo que creía que el G7 entendería la postura monetaria del banco central japonés, que es de mantener el costo del crédito cerca de cero hasta que la economía se haya recuperado plenamente de su peor recesión en medio siglo.