Cuando el Presidente Bill Clinton presente su propuesta de presupuesto para el 2001 ante el Congreso este lunes, el último de esos ejercicios de su carrera, lanzará un desafío que parecía un sueño hace apenas unos años:
Para el 2013, afirma Clinton, el país pudiera acercarse a estar libre de deudas por primera vez en 165 años. Además, el endeudamiento del gobierno dejaría de competir con la empresa privada por dólares de inversión, y los contribuyentes estadounidenses ya no serían privados de pagos de intereses anuales que ascienden a 220,000 millones de dólares.
"Pagar la deuda es una inversión que estamos haciendo. Es una inversión en el futuro", señaló Alan Auerbach, profesor de economía y derecho de la Universidad de California en Berkeley. "Es un uso muy sensato y productivo de los superávit presupuestarios, ciertamente en comparación con decir `Tenemos este dinero, encontremos otras cosas qué hacer con él".
El plan de Clinton, sin embargo, es tan incierto como ambicioso. Aunque décadas de déficit presupuestarios federales han empezado a dar paso a regañadientes a modestos superávit, nadie puede decir si la economía en auge continuará vertiendo crecientes ingresos fiscales en las arcas del gobierno. Aun cuando así sea, no hay garantía de que el gasto federal será mantenido bajo estrecho control.
Si estas cosas no suceden, los superávit necesarios para pagar los aproximadamente 3.3 billones de dólares que el gobierno adeuda a los bancos y los inversionistas privados en casa y en el exterior quizá nunca se materialicen.
"El rango de posibilidades es realmente bastante sustancial", testificó el presidente del Consejo de la Reserva Federal, Alan Greenspan, ante el Comité Bancario del Senado hace dos semanas, cuando se le preguntó cuán confiados pudieran estar los planificadores en las proyecciones de superávit. "Es un tema crucial", añadió.
Como otros que estudian de cerca las finanzas gubernamentales, sin embargo, añadió que pagar la deuda es un objetivo noble que pudiera crear beneficios manifiestos para el país.
"Sería quitar un gran peso a la espalda de las futuras generaciones", agregó el experto en deuda federal Robert Bixby, director de política de la Coalición Concord, un grupo de investigación de Washington.
La reducción de la deuda también pudiera ayudar a mantener a la economía creciendo, expresó Lee Sachs del Departamento del Tesoro.
"Tendrá el impacto de ejercer presión a la baja sobre las tasas de interés", agregó Sachs, secretario asistente para mercados financieros. "Eso se reflejará en tasas de interés sobre cosas como las hipotecas residenciales, los préstamos de consumo, los préstamos empresariales, los bonos corporativos. Fluirá a través de la economía".
Clinton estima que una familia que adeuda a un banco 100,000 dólares de una hipoteca residencial probablemente ya está pagando unos 2,000 dólares mensuales menos en intereses que si el gobierno no hubiera revertido el crecimiento de los déficit.
Las virtudes de la reducción de la deuda han sido pregonadas por décadas, aunque principalmente en vano. Esa es la razón de que sólo en los últimos dos años la Casa Blanca, que propone el presupuesto, y el Congreso, que tiene el poder de introducir impuestos y gastar esos ingresos, se las hayan arreglado para poner a los gastos federales en línea con la recaudación de impuestos.
El superávit del año pasado fue de estadísticamente insignificantes 1,000 millones de dólares; sin contar el programa masivo de Seguridad Social y el Servicio Postal, que reciben trato presupuestario especial y juntos tienen un superávit de casi 124,000 millones de dólares.
Durante el actual año fiscal, que empezó en octubre pasado, el gobierno está en cambio de registrar un superávit de unos 23,000 millones de dólares -de nuevo sin incluir la Seguridad Social y el Servicio Postal- según proyecciones el mes pasado de la Oficina Presupuestal del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés). Ese sería el mayor superávit presupuestario federal de la historia, medido en dólares, y el más grande en 49 años como porcentaje de la producción económica del país.
Aunque Clinton y el Congreso controlado por los republicanos merecen cierto mérito, esencialmente por llegar a un estancamiento que ha evitado aumentos de gasto o reducciones de impuestos a gran escala, ninguno recibe medallas de los economistas.
Mucho más que cualquier decisión tomada en Washington, señalan, son los mayores ingresos fiscales generados por la expansión económica sin precedente del país -que se ha prolongado nueve años- lo que ha convertido a décadas de déficit presupuestarios federales en superávit.
"La razón principal por la cual se acumuló el superávit", añadió el economista Alberto Alesino de la Universidad de Harvard, "es porque la economía está teniendo buenos resultados, incluso con tasas impositivas constantes, los ingresos fiscales han aumentado".
Como hay más estadounidenses trabajando que nunca antes, los baby boomers están dejando atrás sus años más productivos, los mercados extranjeros para los bienes y servicios estadounidenses están creciendo, y las empresas están invirtiendo miles de millones de dólares en nueva tecnología y equipo que mejora la eficiencia, el Gobierno Federal recaudará un récord de 1,945 billones de dólares en impuestos este año.
Si la economía crece a un índice de entre 2.7% y 3% al año en la próxima década, se proyecta que se acumularán superávit de entre 800,000 millones de dólares y 1.9 billones de dólares, estima la CBO, dependiendo del tipo de decisiones tributarias y de gasto tomadas por la Casa Blanca y el Congreso. Tanto Clinton como sus enemigos republicanos, por ejemplo, están presionando para que haya reducción de impuestos en este año electoral. El presupuesto de Clinton propondrá reducciones con valor de 350,000 millones de dólares en un lapso de 10 años, destinados a ayudar a las familias de bajos y medianos ingresos. Los republicanos han propuesto otros planes que están menos dirigidos a un estrato en especial y reducirían más los ingresos.
"Sin importar la variante", testificó el director de la CBO, Dan Crippen, el mes pasado ante el Comité Presupuestario del Senado, "el panorama presupuestal es brillante".
Desde la fundación del país, el gobierno estadounidense, como la mayoría de las grandes empresas, ha tenido que manejar deuda.
En 1835, el Presidente Andrew Jackson ayudó a bajar esa deuda a un récord de 33,733.05 dólares alrededor de lo que el Gobierno Federal gasta ahora cada seis décimas de segundo- pero nunca completó la eliminación.
En la última mitad de este siglo, sin embargo, el gasto deficitario se convirtió en un mal hábito para Washington. El año pasado fue el primero desde 1969 en que el gobierno estuvo en números negros.
El resultado ha sido una deuda federal que totaliza unos 5.7 billones de dólares. De eso, 2.4 billones de dólares es dinero que el gobierno se adeuda esencialmente a sí mismo. Este es dinero que decenas de programas federales tienen en fondos de fideicomiso. Estos van desde la Seguridad Social, que actualmente tiene 936,400 millones de dólares en su fondo de fideicomiso, hasta el millón de dólares que la Oficina del Fondo de Historia y Registros Navales tiene en fideicomiso.
Por ley, estos fondos federales de fideicomiso deben ser invertidos en la deuda gubernamental estadounidense, emitida como bonos, pagarés y letras de la Tesorería. Cada uno es esencialmente una forma de pagaré promisorio, emitido por el gobierno cuando necesita dinero prestado, y garantizado por la plena fe y crédito de la Tesorería estadounidense.
Ya que la Tesorería está pagando simplemente interés sobre esta deuda a otras agencias federales, esos pagos son, en sentido contable, transferencias dentro del gobierno, no una salida de fondos.
Los 3.3 billones de dólares restantes de deuda federal, sin embargo, está en manos de bancos e inversionistas privados. Pagar el servicio de esta deuda llamada en manos públicas costó a los contribuyentes estadounidenses 230,000 millones de dólares el año pasado, alrededor de 12 centavos de cada dólar federal gastado.
"Los pagos de interés sobre la deuda nacional representan el tercer renglón más grande en el presupuesto", indicó Sachs. "Si no tuvieramos deuda, y no tuvieramos que pagar intereses sobre esa deuda, ese dinero estaría disponible".
Clinton ha propuesto, por ejemplo, que los ahorros de intereses de la reducción de la deuda de algún modo sean canalizados al fondo de fideicomiso de la Seguridad Social. Eso, añadió, pudiera generar suficiente efectivo para extender la solvencia del programa al menos 50 años.
El Gobierno Federal está pagando deuda constantemente. Lo hizo incluso durante los más oscuros de los años de déficit como 1992, cuando el gobierno gastó unos 290,000 millones de dólares más de lo que recibió a través de impuestos.
Durante años de grandes déficit, sin embargo, el gobierno tuvo que pedir prestado más dinero del que pagó a prestamistas, de manera similar al propietario de una casa que se las arregla para pagar la hipoteca mensualmente, y no obstante continua acumulando cargos en su tarjeta de crédito. Eso es lo que causó que aumentara la deuda nacional.
El gobierno continúa solicitando dinero prestado, al emitirse pagarés, letras y bonos de la Tesorería. Ha empezado a reducir el número de subastas para la venta de estos valores, y el volumen de pagarés que emite cada vez.
Conforme declinan sus requerimientos de endeudamiento, la Tesorería ha empezado a pagar más deuda de la que está asumiendo, de nuevo, de manera similar al propietario de una casa que podría empezar a bajar la deuda de su tarjeta de crédito mientras sigue pagando la hipoteca.
Durante el trimestre actual, por ejemplo, el Departamento de la Tesorería pagará 17,000 millones de dólares más de lo que pide prestado. Durante abril, mayo y junio, el Departamento de la Tesorería estima que pagará un récord de 152,000 millones de dólares más de lo que pida prestado. Ese es el trimestre en que los ingresos tienden a llegar más rápidamente, debido al calendario de recaudación de impuestos.
Se proyecta que la tendencia continuará. "Existe ahora un consenso entre pronosticadores del sector privado y del gobierno de que estos pagos crecerán en el futuro", declaró el subsecretario de la Tesorería para Finanzas Internas, Gary Gensler, a la prensa la semana pasada al anunciar el plan del Departamento de la Tesorería para recortar su endeudamiento.