A sólo 60 días de la circulación legal de los billetes y monedas de euro, persiste el escepticismo entre muchos ciudadanos europeos sobre esta divisa, que no ha logrado recuperar su cotización frente al dólar desde su nacimiento.
Su depreciación ha generado "inflación importada", ante todo la derivada de la compra de productos energéticos facturados en dólares, y una desconfianza en amplios sectores del público en países de la eurozona con una divisa nacional fuerte.
Desde su implantación como moneda de cálculo el 1 de enero de 1999, cuando su cambio oficial se estrenó en los 1,1786 dólares, el euro se ha depreciado un 23 por ciento respecto al billete verde hasta los 0,9054 dólares de hoy.
Ni los momentos de más pesimismo tras los atentados terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos, ni las malas noticias macroeconómicas de ese país, que deberían haber repercutido negativamente en su divisa, lograron impulsar la confianza de los inversores en el euro para convertirlo en una moneda refugio, función que han desempeñado otras divisas, como el franco suizo. Buena parte de esta tendencia es atribuible al escepticismo que ha rodeado a la moneda.