La XXIX edición de la Feria Internacional de Turismo de Madrid cerró ayer sus puertas dejando un sabor agridulce, al comprobar organizadores, visitantes y expositores que la crisis mundial afectó el desarrollo del evento.
Durante cinco días, tres dedicados a los profesionales y dos al público en general, se han podido constatar los esfuerzos que desde todas las ópticas del sector se han llevado a cabo, y que en muchos casos han resultado estériles.
La edición de este año nació ya marcada por la crisis, que hizo que incluso algunos de sus tradicionales asistentes no acudiesen al evento, caso importante y desde luego significativo, de la compañía española aérea Iberia, miembro del comité organizador, y de empresas tan señaladas como Globalia o Barceló.
La organización ya anunció antes de la apertura que para esta edición había un 13% menos de superficie de exposición.
De los 100.000 metros cuadrados de la edición anterior se han pasado a los 87.520 de ésta, y un 9% menos de empresas (11.137).
Dato.
Algunos países iberoamericanos han apostado fuerte a la Feria Internacional de Turismo de Madrid como reclamo de la importancia que para ellos tiene el turismo como fuente de ingresos, así como los mercados emergentes de Asia y frica que ven en este sector su futuro.