En un pueblo rural de Changuinola, en la provincia de Bocas del Toro, reside Angelina Sorllan, quien junto a otras 16 mujeres y 2 hombres de la etnia Nöbe Buglé, han encontrado en las fincas agroforestales una forma de vida.
Sorllan, con tres hijos, es la vicepresidenta de la Organización Ngöbe de Productores Agropecuarios y Otros (ONAGRO), que cuenta con personería jurídica y que es la encargada de proveer a AES Changuinola los plantones que se utilizarán para la reforestación de los lugares adyacentes al proyecto hidroeléctrico Changuinola I.
Sorllan detalló que su organización además de recibir 50 centésimos por cada plantón obtiene una especie de subsidio, donde una parte va al fondo de ONAGRO y la otra se divide entre los asociados por la ardúa labor que realizan en el campo.
Desde plátano (dieta básica de los Ngöbe), café, güaba, naranja, pixbae frutapan, cacao y yuca se pueden encontrar en el vívero de ONAGRO, que también es empleado para el autoconsumo.
Los Ngöbe Buglé que por tradición se alimentan con lo que recogen de la riqueza de los bosques, ahora están aprendiendo a obtener un ingreso económico de la venta de árboles que están sembrando y transplantando en sus propias fincas.
La gerente de Reasentamiento y Desarrollo Social de AES Changuinola, Thays de Mejía, manifestó que además de los programas de indemnización que tienen para identificar a las familias que habrá que reubicar por la construcción y operación de la hidroeléctrica, realizan programas paralelos de sistemas agroforestales.
Para el desarrollo de los sistemas agroforestales utilizan diferentes vías como asistencia técnica y aportes económicos para pasarlos de una étapa de recolección a productores y luego a comercializadores.
En este modelo no sólo trabajan las cabezas del hogar como los padres, también los niños colaborán en la recolección y en otras labores.
También la asistencia técnica incluye capacitaciones donde se les enseña como preservar su hábitat, porque estas comunidades con más de 160 mil habitantes están ubicadas en el Bosque Protector Palo Seco.
Adicional a los plantones se está ampliando la dieta de las familias incorporando en estas fincas estanque de peces, cerdos, gallinas ponedoras y otras plantas medicinales, que son utilizados tanto para la venta como para el autoconsumo y que les sirvan para proteger el bosque.
El desarrollo en la zona y el crecimiento de la población en Changuinola que pasó de 2 mil habitantes en el 2008 a 6 mil este año ha traído igualmente obras de infraestructura y caminos de producción que les facilita el intercambio y mercadeo de sus productos en otras zonas.
Thays de Mejía explicó que tienen varias parcelas demostrativas o fincas modelos que están trabajando sobre 3.5 hectáreas, pese a que por lo general cada familia posee más de 10 hectáreas, para enseñarles como trabajar de manera eficiente en esta superficie con el desarrollo de sistemas agroforestales, y que ellos mismos puedan replicar más adelante estos modelos.
“Para esta etapa la empresa contrató una consultora que tiene mucha experiencia en la zona trabajando con poblaciones indígenas con este mismo tipo de sistemas que involucran la protección del bosque. De un millón y medio a dos millones de dólares es la suma que se invertirá en este tipo de asistencia”, agregó.
Apuntó que la mayoría de los que han recibido asistencia técnica está en la etapa de productores y un porcentaje no muy alto de 20 a 25% está en la etapa de comercialización y que inclusive han utilizado parte de sus fondos en la compra de vehículos para transportar sus propios productos al mercado.
La gerente de Reasentamiento y Desarrollo Social de AES Changuinola dijo que las fincas agroforestales tienen como prioridad resolver inicialmente el autoconsumo, su seguridad alimentaria, porque estás familias son de entre 10 a 15 miembros, y luego llevarlos a que tengan un excedente en la venta de árboles forestales, que los puedan utilizar para inversión de aves de corral o cerdos y no en ganado, que pone en peligro su hábitat y la cuenca.
“Lo que buscamos es que ellos vean que los sistemas agroforestales también son rentables y pueden ser una fuente de vida sostenible y a la vez enseñarles a que cuiden su hábitat”, manifestó.
Por su parte, el gerente general de AES Changuinola, Jorge Azcárraga, enfatizó que están canalizando muchos recursos para tratar que las comunidades impactadas principalmente las del área del embalse tengan sostenibilidad en el futuro y para ello, han abierto caminos de producción para que puedan manejar su propio cultivo y venderlos en el mercado.