Parece el escenario de una película de James Bond. Al pie de la montaña que se levanta
en el remate del Cosway, se abre el acceso a un túnel construido por ingenieros del comando Sur, que en aquellos días se
propusieron defender el Canal de Panamá ante el temor, de que este punto estratégico, fuera atacado
por los japoneses.
A pesar que aún la estructura no está del todo terminada, el recorrido es de por sí excitante. El túnel permanece intacto desde 1926; la roca viva aún funge como pared y los rieles oxidados por donde transportaban los misiles en aquella época, son todavía testigos del tiempo. A la mitad del camino se asomará un elevador que llegará a la cúspide de la montaña y aquí, en un lujoso hotel, le darán la bienvenida.
Usted no podría imaginar que se trata de la isla Flamengo, la primera fortificación norteamericana, que posteriormente fue una cárcel de máxima seguridad, pero donde se han fugado el coronel Eduardo Herrera y Medio Man, y hoy es convertida en un destino turístico.
Una marina internacional que albergará a yates, megayates y embarcaciones privadas, un centro comercial, que alojará tiendas, bares, cafés y museos, además de un hotel, y tal vez lo más importantes del proyecto; el tercer puerto de cruceros en el país, que será la alternativa para el mercado en el Atlántico.
El arquitecto Miguel López Piñero, encargado de la obra y también accionista, indicó que la idea del proyecto, cuya inversión total es de 30 millones de dólares, no es puerto o una parada, es convertir a Panamá en un destino turístico, como Miami o Orlando.
El proyecto se realizará en varias fases, iniciando con el componente portuario y comercial, posteriormente se construirán las villas y el hotel, lo que significa que el desarrollo total terminará en diciembre del 2002.
López Piñero dijo que la primera etapa es el área de estacionamiento, el terminal de cruceros, el casino, el centro comercial, el muelle de mini cruceros y la marina, lo que estará terminado en abril o mayo del otro año, aunque se tiene planeado que un crucero de la línea Cunard atraque el 18 de noviembre con la ayuda de un muelle flotante.
Desarrollar el puerto, como cualquier obra de esta magnitud, tiene ventajas y desventajas, aunque en este caso, la balanza se puso de nuestro lado, dijo López Piñero. Por un lado, se trabajó casi un año en un relleno de 35 metros, y siete meses en un rompe olas, pero por otra parte, la profundidad de casi 42 pies, evito que se invirtiera en un dragado; elemento que ha resultado ser atractivo para las líneas de crucero.
La mayoría de las infraestructuras para recibir cruceros se encuentra en el Caribe Este, y la industria está deseosa de nuevos destinos, lo que ha aprovechado en este momento el proyecto Fuerte Amador, para establecer un "hop de cruceros".
Luego se trabajará en la etapa del hotel y la de la terminal para los grandes cruceros, en donde se manejarán barcos con 2,500 personas, y una última fase alternativa que sería la construcción de un hotel de 300 habitaciones comunes.
La vegetación de la isla permanece intacta, los gruesos troncos de frondosos árboles aún le dan frescura al lugar y están a la espera de cientos de personas para servir de sombra, mientras que un sinnúmero de aves y pequeños mapaches son todavía los dueños absolutos de este paraíso.
Las pequeñas habitaciones que hace un par de año, fueron cárceles de máxima seguridad, son reestructuras con mucho cuidado para albergar pequeñas tiendas de artesanías y artículos de todo tipo para los turistas y los panameños que visiten la isla.
Según los empresarios, la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) tenía en mente demoler toda la infraestructura existente, valorada en 4 millones de dólares, pero se insistió en conservar las instalaciones por su valor histórico, y en actualidad los locales comerciales se encuentran ocupados en un 60%.
El estilo colonial exigido por la ARI es seguido al pie de la letra por los arquitectos que remozan los viejos calabozos.
López Piñero asegura que la selva tropical, las playas y el agresivo comercio dirigido por el dólar, serán la llave mágica para que los visitantes se enamoren de Panamá.
Se instalará además una biblioteca de aves, para los amantes de la naturaleza, un museo que refleje la historia del país y un pequeño acuario con peces del Pacífico y el Atlántico. Además los pasajeros que desembarquen en este Puerto o en cualquiera de los ya existen y utilicen éste como transbordo podrán comprar en las tiendas libre de impuestos.