El presidente del Banco Central de Rusia, Serguéi Ignatiev, cifró en 50.000 millones de dólares la fuga de capitales en octubre.
Con todo, Ignatiev se manifestó en contra del control de la divisa nacional, el rublo, y abogó por continuar con la actual política de liberalización monetaria.
"No estamos hablando de reanudar el control monetario, por ahora únicamente hablamos de medidas suaves", apuntó durante una reunión del gabinete de ministros, según las agencias rusas.
Paradójicamente, el vicegobernador del Banco Central, Alexéi Uliukáyev, había pronosticado recientemente una salida de capitales inferior en octubre a la de septiembre, cuando ascendió a 26.000 millones de dólares.
La entidad emisora ha pronosticado que a finales de año Rusia habrá experimentado una sangría de 20.000 millones de dólares -la diferencia entre entrada y salida de capitales- debido a la crisis financiera.