Los ministros de Finanzas y los dirigentes de los bancos centrales del G7 (los siete países más industrializados) acordaron ayer en París actuar en conjunto, pese a sus discrepancias de sus gobiernos en torno a la crisis iraquí, en caso de que la economía mundial vuelva a deteriorarse a raíz del incremento "de las incertidumbres geopolíticas".
"Nuestras economías registran un crecimiento más lento, pero siguen siendo resistentes", señaló la declaración final adoptada tras dos días de reunión por los representantes de Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Canadá, Estados Unidos y Japón.
"Seguiremos cooperando estrechamente", aseguraron los sietes países más ricos del planeta. "Si la perspectiva económica se debilita, estamos listos para actuar de forma adecuada", agregaron. A pesar de las incertidumbres causadas por un eventual ataque contra Bagdad que paralizan actualmente la economía mundial, los ministros no mencionaron en su declaración final a la crisis iraquí y sólo destacaron el incremento de "las incertidumbres geopolíticas".
Tres de los países del G7 (Estados Unidos, Gran Bretaña e Italia) son partidarios de una operación militar contra el régimen del presidente Sadam Hussein, mientras Francia y Alemania quieren dar más tiempo a las inspecciones de la ONU.
Los países del G7 dejaron claro que sus posibilidades de reacción ante un conflicto en Irak se situaban principalmente en el ámbito de la política monetaria. En rueda de prensa, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Wim Duisenberg, dejó la puerta abierta a la posibilidad de bajar las tasas de interés, al afirmar que el BCE "no dudará en actuar" si la economía se deteriora.
Los responsables financieros del G7 también se declararon "determinados (...) a aplicar políticas macroeconómicas sanas y reformas estructurales para impulsar la productividad y el crecimiento, así como para garantizar finanzas públicas sólidas y la estabilidad de los precios".
Respecto a América Latina, el G7 elogió la política económica del Gobierno del presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, al tiempo que pidió a Argentina que "inicie un diálogo con sus acreedores privados".