Los ministros de Finanzas del Grupo de los Siete países más industrializados (G7) no ofrecieron ayer nuevas alternativas a la condonación de la deuda de los países pobres altamente endeudados.
Pese a las expectativas creadas, el responsable de las finanzas japonesas, Kiichi Miyazawa, indicó al final de la reunión de cinco horas -incluido el almuerzo- celebrada hoy que se abordó el alivio de la deuda exterior del tercer mundo, aunque no dio más detalles.
Según Miyazawa, los ministros acordaron que los respectivos países preparen un informe sobre los avances en la iniciativa para reducir en 100.000 millones de dólares la deuda de los países pobres, lograda en la cumbre de los jefes de Estado y Gobierno del G7 el pasado año en Colonia, Alemania.
Esos informes se presentarán en la cumbre de estadistas del G7 y Rusia que tendrá lugar en la sureña isla japonesa de Okinawa del 21 al 23 de julio próximos, añadió.
La falta de respuesta ante un problema que supone la transferencia diaria de 60 millones de dólares de los países pobres a los ricos, incluidos el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), fue criticada por Jubileo 2000, organización defensora de la condonación de la deuda del tercer mundo.
"Estamos amargamente decepcionados por la ausencia de nuevos compromisos y advertimos de que si no se anuncian otras medidas en la cumbre de jefes de Estado de Okinawa, será una catástrofe para los países más pobres en Africa, Latinoamérica y Asia", afirmó la coordinadora en un comunicado.
Japón ha sido hasta ahora uno de los países que más se han resistido a perdonar la deuda, al ser el mayor acreedor, con 10.500 millones de dólares, de los 41 países pobres más endeudados, entre ellos Birmania, Kenia, Vietnam y Ghana.
Entre esos países se encuentran también tres latinoamericanos: Bolivia, Nicaragua y Honduras, que deben a Japón 566 millones, 123 millones y 395 millones de dólares respectivamente.
Según Jubileo 2000, Japón recibe de esos países cada año 307 millones de dólares por el pago de intereses, cantidad ínfima para Japón pero de enorme valor para ellos porque puede invertirse en mejoras sociales.