El presidente estadounidense George W. Bush se declaró dispuesto ayer a encarar una reducción de la presión fiscal en varias etapas, durante su primera reunión con los miembros de su gabinete.
"Lo que me interesa son los resultados, y si ello es necesario, para obtener la adopción de un proyecto de ley, estaremos dispuestos a escuchar", declaró Bush ante la prensa que lo interrogaba sobre esa eventualidad.
Durante su campaña presidencial, el ex gobernador republicano de Texas había hecho de un alivio fiscal de 1,6 billón de dólares, una de las prioridades de su programa gubernamental.
Desde su llegada a la Casa Blanca, Bush destacó en diversas oportunidades que cumpliría con su palabra, destacando que una reducción de la presión fiscal permitiría reactivar el crecimiento económico estadounidense que se debilitó seriamente.
Igualmente indicó en diversas oportunidades que pensaba proceder a reducciones de impuestos retroactivos, para acelerar su impacto sobre la reactivación económica.
El aumento de los excedentes presupuestarios, fuertemente revisados al alza el miércoles por la oficina presupuestaria del Congreso que estimó que representarían unos 5,6 billones de dólares para los diez próximos años (3,1 billones sin contar aportes jubilatorios), otorgó un mayor margen de maniobra en la Casa Blanca.