El Gobierno italiano hizo un nuevo llamamiento a la dirección del grupo automovilístico Fiat para que flexibilice su postura sobre el despido de miles de trabajadores y permita cerrar un acuerdo con los sindicatos.
En la recta final de la última ronda de negociaciones sobre el plan de reestructuración de Fiat, que prevé el recorte de 8,100 empleos, el ministro de Trabajo, Roberto Maroni, señaló que la compañía no se debe guiar sólo por el objetivo "de equilibrar las cuentas".
"En el plan de Fiat falta el componente que tenga en cuenta las consecuencias sociales que se derivan de la reestructuración", dijo Maroni, quien no descartó una intervención directa del Ejecutivo si no se llega a un acuerdo antes de la fecha límite del jueves.
Esta intervención no pasaría para el titular de Trabajo por una entrada directa en el capital, como se ha vuelto a plantear desde algunos sectores en los últimos días, después de que fuera desestimada por el propio primer ministro italiano, Silvio Berlusconi.
Las posiciones de la empresa y los sindicatos parecen insalvables después de que las centrales abandonaran el pasado miércoles la mesa de negociaciones reabierta por una mediación expresa del Gobierno.
Los sindicatos no aceptan la pretensión de Fiat de que la mitad de los 8,100 trabajadores considerados excedentes temporales pierdan de forma definitiva sus puestos de trabajo, al no garantizar su reincorporación.
La sociedad turinesa sólo se muestra dispuesta a algunos retoques de su plan, como el de no cerrar definitivamente la factoría siciliana de Termini Imerese, con el paso de otros empleados a los fondos temporales de empleo.
El acceso a estos fondos, previstos en la ley, sólo los garantizaba inicialmente el Gobierno italiano si los recortes no se convertían después en simples despidos. Como paso previo a la sesión final de negociaciones, prevista para el jueves, el ministro de Industria, Antonio Marzano, se reunirá mañana, martes, por separado, con empresa y sindicatos.