El ministro francés de Industria, Eric Besson, reclamó ayer cambios en la dirección y en la gestión de Renault tras el escándalo por las falsas acusaciones de espionaje dentro del grupo automovilístico que llevaron a despedir a tres directivos, que ahora deben ser indemnizados.
"El Gobierno quiere que se saquen todas las lecciones de esta disfunción, que haya una nueva organización, una nueva concepción de la dirección", afirmó Besson.
Para subrayar la gravedad del asunto, recordó que uno de los tres directivos despedidos a comienzos de año llevaba trabajando 33 años en la empresa y que fue apartado "por un solo testimonio frágil".
"Eso revela un sistema de dirección y una forma de gestión que no puede perpetuarse", afirmó.
El Estado francés tiene dos representantes en el consejo de administración de Renault, ya que es el primer accionista con un 15 % del capital.
La reunión extraordinaria servirá para examinar en profundidad las conclusiones de la auditoría externa que el grupo automovilístico encargó en marzo.