El gobierno turco presentó ayer un programa de reformas económicas, sin anunciar la ayuda extranjera necesaria para su realización y llamando a la población a hacer "sacrificios", mientras decenas de miles de manifestantes denunciaban las consecuencias de la crisis.
Además de las reformas de fondo ya conocidas -reestructuración de los bancos y aceleración de las privatizaciones- el programa prevé una reducción del 9% en el gasto público, un retroceso del crecimiento del 3% este año y una inflación del 52,5% frente al 12% previsto para 2001.
El ministro de Economía, Kemal Dervis, se limitó a desear que ese programa, sometido al Fondo Monetario Internacional (FMI), permita obtener la próxima semana una ayuda extranjera de entre 10 y 12 millardos de dólares, sin hacer un anuncio concreto.
Y al mismo tiempo, advirtió contra un crecimiento inquietante de la deuda del país, descartando la creación de nuevos impuestos.
"Turquía debe reestructurar de arriba a abajo su economía para no revivir crisis similares", advirtió.
El país "atraviesa una situación difícil, todo el mundo debe hacer sacrificios", añadió. Dervis pidió a la población que conservara la esperanza, al tiempo que advertía que los próximos dos o tres meses serán difíciles, antes del remonte a partir del verano.
El programa retoma las medidas de emergencia que ya había anunciado un mes antes: la "prioridad" es la reforma del sector bancario, cuando las deudas de los bancos públicos turcos representan un 20% de los ingresos nacionales, y la aceleración de las privatizaciones, entre ellas la de Turk Telekom.
Pero los socios extranjeros interesados no podrán tener más del 49% de las partes, añadió, frente al 51% anunciado anteriormente.
El programa supone la adopción de 15 proyectos de ley y enmiendas, de los que sólo se han votado tres hasta ahora.
"Es preocupante, es difícil entender que Dervis anuncie un programa sin nada nuevo y sin financiación, con cifras macroeconómicas que sólo son creíbles con esa financiación, y un retroceso en la privatización de Turk Telekom", consideró un analista extranjero bajo anonimato.
El programa fue inmediatamente rechazado por los sindicatos.
"Ese programa no aporta nada para los trabajadores, está lejos de solucionar los problemas del país", estimó Bayram Meral, jefe de la más importante central obrera de Turquía, Turk-Is (izquierda), citado por la agencia Anatolia.
Mientras Dervis presentaba el programa, decenas de miles de manifestantes reunidos en Estambul y en varias grandes ciudades denunciaron una vez más la corrupción y la pobreza y protestaron contra el gobierno y el FMI, respondiendo a la llamada de una plataforma que agrupa a varios sindicatos.
La crisis se desató por un conflicto entre el primer ministro, Bulent Ecevit, y el presidente, Ahmec Necdet Sezer, a propósito de la lucha contra la corrupción. Esto acabó con la confianza de los mercados, obligando a Turquía a dejar fluctuar su moneda el pasado 22 de febrero, que perdió un 47% frente al dólar, y marcando el fracaso del plan número 16 conluido con el FMI.