Los pronunciamientos sobre la necesidad de mejoras en la seguridad alimentaria mundial estuvieron muy de moda hace un par de años atrás, pero fueron ligeramente olvidados y superados por los que se centraron en la crisis financiera mundial.
Pasado el debacle financiero con epicentro en Estados Unidos, llegó la crisis europea y la “crisis alimentaria” sigue siendo un tema de debate, pero aún se siente tenue en los diferentes foros internacionales, en los que son muchos los discursos y pocas las acciones.
Las advertencias existen, el año pasado la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señaló que la tendencia alcista de los precios de los alimentos y la volatilidad de los mismos obligará a América Latina y el Caribe a prepararse para enfrentar la incertidumbre sin sufrir graves costos.
El organismo aconseja que en la región se deberían aumentar las reservas nacionales de granos, prestar atención a la agricultura familiar y establecer acuerdos regionales que permitan responder a situaciones de desabastecimiento a nivel nacional.
Ahora la pregunta es: ¿Qué estrategias están implementando las autoridades panameñas para garantizar la alimentación de las generaciones futuras?, la respuesta es difícil porque los presupuestos asignados para investigar la viabilidad de producción en el país van de acuerdo con el tipo de clima y terreno.
Este es un tema que el Gobierno actual no puede obviar, ya que está en juego la seguridad alimentaria de un pueblo, y el futuro es la producción local y no las importaciones.