- Hay programas que utilizan las artes escénicas para desarrollar habilidades. Los resultados demuestran el poder transformador del arte cuando se trabaja para desarrollar las habilidades de empleabilidad.
Proyectos
Existen más de 32 millones de jóvenes en América Latina y el Caribe -uno de cada cinco de ellos tiene de 15 a 29 años-que no trabajan ni estudian.
Con el fin de preparar a los jóvenes para el éxito laboral, los programas de capacitación laboral necesitan ir más allá de la instrucción técnica y enseñar también "habilidades para la vida", como la comunicación, la responsabilidad y el trabajo en equipo.
Esta aseveración constituye una de las principales conclusiones del informe "Dando una Oportunidad a la Juventud: Una Agenda para la Acción”, publicado por el Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin), que forma parte del Banco Interamericano de Desarrollo. El informe subraya las lecciones más importantes que el Fomin ha aprendido durante su experiencia de trabajo con más de 120 programas de empleo juvenil y formación empresarial en la región.
Una característica que distingue a los proyectos en el área de empleo para jóvenes es su componente de habilidades para la vida. La importancia de enseñar este tipo de habilidades a los jóvenes ha sido validada por los empleadores que participan en programas del Fomin. Ellos han reportado que, ante todo, quieren contratar a empleados que posean habilidades para el puesto de trabajo, tales como la comunicación, el trabajo en equipo, la motivación y la responsabilidad. Las habilidades técnicas, dicen, se pueden aprender en el trabajo. Una encuesta del BID muestra que alrededor de un 80% de los empleadores señalaron que las actitudes socioemocionales positivas o las habilidades para la vida, tales como la empatía, la adaptabilidad y la responsabilidad, entre otras, son las capacidades más difíciles de encontrar entre los trabajadores.
Además de enseñar a los jóvenes las habilidades para la vida que los empresarios demandan, muchos proyectos también introducen actividades complementarias de planificación de la vida. Estas actividades ayudan a los jóvenes a evaluar quiénes son, sus aspiraciones para el futuro, y a definir los pasos reales hacia el logro de estos objetivos.
Respecto a la duración del componente de habilidades para la vida, los proyectos del Fomin han experimentado con una amplia gama de duración, desde un mínimo de 40 horas a un máximo de tres meses. Esta variación depende en gran medida de los perfiles de los jóvenes beneficiarios; por ejemplo, los jóvenes en riesgo requieren más dedicación en el desarrollo de habilidades para la vida. En general, los proyectos del Fomin han demostrado que cuanto más tiempo se dedica a la preparación para la vida, mejores resultados se obtienen.
Sin embargo, en muchos proyectos, dependiendo de la complejidad de las habilidades sectoriales específicas que los jóvenes deben aprender, se dedican más horas a la formación técnica que al componente de habilidades para la vida. Es por tanto importante aplicar las habilidades para la vida en todo el proceso de formación, para así ayudar a reforzar actitudes y comportamientos positivos y maximizar el tiempo de enseñanza de estas habilidades.
Otras lecciones con relación a la enseñanza de habilidades para la vida es la importancia que tiene la calidad del formador. Independientemente de la cantidad de tiempo dedicado a la formación en las habilidades para la vida, la calidad de los formadores es clave. Es muy importante que el formador tenga una personalidad cálida, de apoyo y entusiasta, para crear una relación de confianza con los jóvenes, ya que en muchos casos los formadores sirven como un ejemplo positivo. Por ejemplo, en el Proyecto del Fomin en Ciudad de Guatemala con el Grupo Ceiba, casi el 90% de los formadores en habilidades para la vida y prevención de la violencia, o "mediadores", son también graduados del Proyecto.
Viniendo de esas mismas comunidades difíciles, ellos saben mejor que nadie cómo encauzar a estos jóvenes en situación de riesgo, quienes a su vez ven al formador como modelo y en el tipo de persona en quien podrían llegar a convertirse -adultos responsables, buenas personas y con un empleo remunerado. Impartir formación de calidad también requiere que los formadores pueden manejar las complicaciones adicionales que surgen del trabajo con jóvenes en riesgo. Los programas deben estar vinculados con trabajadores sociales o psicólogos que puedan apoyar y formar al personal sobre cómo afrontar situaciones especialmente difíciles.