Los sindicatos italianos ultimaron ayer los detalles de la jornada de huelga general que mañana paralizará el país contra el proyecto de flexibilizar los despidos que promueve el Ejecutivo conservador de Silvio Berlusconi.
La movilización, en la que participan de forma unitaria las principales centrales -CGIL, CISL y UIL-, pretende frenar la modificación del artículo 18 del Estatuto de los Trabajadores, que prohibe el despido sin causa justificada y a la que el Gobierno no se muestra dispuesto a renunciar.
El líder del ex comunista CGIL -con cinco millones de afiliados- Sergio Cofferati, subrayó que si el paro cuenta con un seguimiento masivo "pueden cambiar muchas cosas en Italia", al tiempo que insistió en el carácter "intocable" del artículo 18.
Cofferati denunció que Berlusconi desea "volver a los años 50" con su reforma, que calificó como un retroceso en las conquistas sociales de los trabajadores.
"Eso es lo que reforzará el papel internacional del euro", estimó.