Economía

Importaciones de alimentos colombianos bajarán en 50% en el 2002


Colombia, del que se decía tenía vocación agrícola, llegó a importar siete millones de toneladas de alimentos en el 98. Eso es absurdo, dice el ministro de Agricultura, que ahora se compromete en un plan sustitutivo.
En junio de 1989, cuando se rompieron las cláusulas económicas de la Organización Internacional del Café (OIC) y el mercado mundial del grano quedó libre, Colombia inició un plan de sustitución de plantaciones del principal cultivo colombiano. Luego se renovaron cafetales y el fenómeno de "La Niña" afectó la producción. Hoy el país está abocado a importar café para atender la demanda interna y facilitar la exportación del excelso.
En agosto de 1991, la administración Gaviria aceleró la apertura económica. Eliminó la gradualidad -liberar las importaciones en un periodo razonable de cinco años - y acabó con la selectividad. El campo entró a la apertura.
En esa época se importaban 800.000 toneladas de alimentos. En el 98 se llegó a la cifra récord de siete millones de toneladas.
Una vergüenza para un país que se ha preciado de tener una vocación agrícola, sostiene Gabriel Rosas Vega, ex ministro de Agricultura y hoy presidente de la asociación que agrupa a los exportadores privados de café. Y hasta papa se podría importar de continuar la escasez registrada en el primer trimestre del año.
Esa situación ha hecho que el propio presidente Pastrana, que en su discurso de posesión prometió revertir la tendencia y volver el campo rentable, haya dado vía libre para iniciar una serie de programas prioritarios para el campo. Quien debe liderarlo es Rodrigo Villalba Mosquera, ministro de Agricultura, quien trabajó durante el Gobierno de Barco al lado de Rosas Vega. ¿Los colombianos tendrán que seguir comiendo bandeja paisa importada? Este Gobierno está comprometido con la reactivación de la producción agropecuaria. El propio Presidente está pendiente de los programas, exigiendo resultados y liderando la incorporación de recursos en el presupuesto para el sector. Vamos a bajar las importaciones pero no con medidas administrativas sino con una labor conjunta con el sector privado.
¿EN CUANTO PUEDEN BAJAR LAS IMPORTACIONES DE ALIMENTOS?
La meta es reducirlas en un 50 por ciento en el 2002. En el 98 las importaciones llegaron a siete millones de toneladas y pensamos que al finalizar la administración Pastrana pueden caer a 3,5 millones.
Es un objetivo muy ambicioso. ¿Cómo se podría llegar a ello? Esto no es un cuento. Es que hay un compromiso serio. El año pasado las importaciones cayeron 19,9 por ciento. Claro, ayudó la tasa de cambio y el clima pero también los planes sectoriales de producción. ¿Como cuáles? Hemos fortalecido las cadenas productivas, involucrando al Gobierno, los productores, los comercializadores y los procesadores. Si existen convenidos de volumen de cosechas, montos de absorción y de precios, es razonable que se opte por la producción nacional y no por la extranjera. Le pongo un ejemplo. La cadena avícola, que abarca productos como maíz, sorgo, soya y yuca, está evolucionando muy bien. Las importaciones de maíz cayeron el año pasado 18,8 por ciento. Y si seguimos así, en cinco años, se sustituyen todas las importaciones de maíz en cinco años. Es decir, se incorporarán a la producción nacional dos millones de toneladas. Sin embargo, se observa una talanquera enorme: el crédito. ¿Cómo garantizar la fluidez de recursos al campo? En eso hay un objetivo claro: fortalecer como sea el Banco Agrario. Fíjese que es el único banco estatal que va a quedar. Pero también está Finagro. Hay para este año un presupuesto de 1,2 billones de pesos y si uno observa las cifras se da cuenta de que el crédito agropecuario creció un 45 por ciento entre enero de 1999 y enero del 2000. Y existe muy buen ánimo entre pequeños y medianos productores. ¿Cómo van a incorporar a los deudores morosos a la actividad productiva? Esto es algo muy interesante. Anteriormente se refinanciaban las deudas pero los clientes quedaban en las bases de datos. Es decir, vetados. Ahora no. Con los programas de refinanciación quienes se
pongan al día quedan automáticamente habilitados para obtener nuevos recursos. Es una estrategia contemplada en el Pran (Plan de Reactivación Agropecuaria), que incluyó a los cafeteros. ¿Cómo va a funcionar el Fondo de Inversiones? Este es un instrumento que va a ser muy importante tan pronto lo apruebe el Conpes. Es un Fondo de Finagro, que operará con riesgo compartido. Un empresario coloca una plata para un proyecto productivo, el Estado se asocia y el Fondo presta el resto. Ir de la mano del Estado da seguridad y las experiencias internacionales son muy buenas en ese sentido. ¿Y existe plata para esa estrategia? El Fondo arranca con 100.000 millones de pesos de Finagro. Y se está tramitando un crédito con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)por 200 millones de dólares. Algo más. Por primera vez las utilidades de Finagro van a invertirse en el Fondo de Garantías Agropecuario (FGA), que de hecho dispone de 150.000 millones de pesos. El FGA es muy importante porque cuando uno pide un crédito para el campo, la impresión es que esa es una actividad de alto riesgo. ¿El Fondo de Inversiones está limitado a empresarios nacionales? No, de ninguna manera. Si un extranjero quiere asociarse con un colombiano y con el Estado, no hay ningún problema. El objetivo es producir, claro, teniendo en cuenta las condiciones del mercado, la oferta y la demanda.
Desde hace 15 años en Colombia no se importa un tractor. ¿Cómo pretender ser competitivos con maquinaria obsoleta? Esa es una realidad. El equipo de trabajo para el campo es obsoleto. No solo no se han importado tractores sino combinadas. Por eso, en la recolección de arroz se pierde el 20 por ciento. Y lo mismo sucede en el resto de cultivos. La decisión del Gobierno no es solo ampliar las líneas de crédito para bienes de capital, sino que en el Incentivo de Capitalización Rural (ICR) el monto de la financiación se amplió del 30 al 40 por ciento, con una tasa de interés equivalente al DTF más un punto.
Todo esto suena muy bonito. ¿Pero no son excesivos los objetivos, cuando el campo es el más afectado por la violencia y la inseguridad? Hay que reconocer que uno de los graves problemas es la inseguridad. Es muy difícil administrar una finca por teléfono, pero fíjese que en el campo hay síntomas de reactivación claros. Si se excluye el café, el crecimiento del sector fue del 3,0 por ciento. Hubo incremento en las áreas de arroz, de maíz y de algodón. Las proyecciones indican que la actividad agropecuaria crecerá este año un 5,0 por ciento, sin café. ¿Y el problema de la papa? Es coyuntural, pero hay que reconocer que es el alimento que más ha subido. Ahí hay un problema porque cuando los precios suben, todo el mundo sale a sembrar. Por supuesto, viene la sobreoferta y las quiebras. ¿Cómo evitar esta situación? Estamos trabajando con el Banco Agrario para programar mejor las cosechas. De tal forma que cuando haya demanda exageradas de crédito para este cultivo, el Banco se abstenga de aprobar desembolsos, y todo lo contrario, estimular los créditos cuando se observen pocas solicitudes. Es necesario llegar a un punto de equilibrio.
Las multinacionales de insumos agroquímicos están bravas por la autorización para importar genéricos. ¿Qué los llevó a tomar esta decisión? Eso es lo que sucede en todo el mundo. Los productos de marcarestringen la competencia y por obvias razones se elevan los precios, aumentando los costos de producción. No hay sino que comparar los precios en Colombia para observar que son los más altos. Además, no es cierto que se desestimule la investigación. Esos laboratorios no existen en Colombia.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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