La prórroga hasta el 15 de noviembre de la suspensión de cuatro bancos, que venció ayer, extendió la incertidumbre sobre el futuro del sistema bancario en Uruguay, que sufre la peor crisis de su historia.
El presidente del Banco Central del Uruguay (BCU), Julio de Brun, aseguró ayer, tras aprobar la prórroga que la gestión por el destino de los bancos Comercial, Montevideo y Caja Obrera "está muy, pero muy verde".
Hasta ahora, por estas instituciones, el gobierno recibió sólo "expresiones de interés" (entre otras, del grupo del financista húngaro-estadounidense George Soros) y "tiene muchas incógnitas que despejar", expresó De Brun.
El ministro de Economía, Alejandro Atchugarry, en una improvisada rueda de prensa, admitió que la única propuesta formal presentada ante el gobierno "es por el banco de Crédito", a cargo de Saint George Company, filial del Grupo de la Unificación, liderado por el reverendo coreano Syung Miung Moon.
Saint George, accionista minoritario del Banco, en que el Estado posee el 51% de las acciones, hizo una propuesta de capitalización, aporte de liquidez y plan de negocios a estudio del BCU.
El vicepresidente del Banco de Crédito, Elizeu Christiano Netto, reveló el jueves que el plan de negocios incluía la reducción de un 40% de la masa salarial, sin reducción de personal, pero que el BCU le reclamó el despido de 100 empleados, aspecto que dificultaba las negociaciones.
Sorprendido por esa exigencia, Eduardo Fernández, presidente del sindicato de bancarios AEBU, alertó que "no se puede jugar con este tipo de cosas" ya que "no solamente están en juego los puestos de trabajo sino todo el país".
Sobre las restantes instituciones, el BCU mantuvo la incertidumbre, cuando recordó en un comunicado sobre la prórroga de la suspensión que el informe de la consultora ING, contratada por el gobierno, "ha merecido consultas y aclaraciones".
Acerca del punto, el semanario Brecha dijo que ante el efecto devastador de la liquidación "surge la alternativa de crear un banco sobre la estructura saneada del Comercial asociándole clientes, negocios y carteras "buenas" de los otros bancos, mientras las "carteras malas" serían administradas por un fondo de liquidación".
Tras reconocer que existiría espacio "para una entidad de este tipo", al que se le ha llamado megabanco, se preguntó "si el Estado no va a poner un peso más quién aportará la liquidez?" y respondió que "la danza de supuestos inversores ha sido tan variada como etérea" pero "ninguno concreta".