Un objetivo importante de la política económica, es mantener una tasa de inflación baja y estable, y que el PIB crezca alrededor de su tendencia secular en el largo plazo. Una inflación baja y estable promueve el uso eficiente de los recursos productivos.
Una inflación alta permite que parte de los recursos de la economía se inviertan en la búsqueda de mecanismos para defenderse de la inflación, en la cual las empresas deben destinar más recursos al manejo de su portafolio para evitar pérdidas financieras e implica también incertidumbre en los precios relativos, porque los precios pierden su contenido informativo sobre los precios futuros y los márgenes de comercialización aumentan.
Una baja inflación incentiva la inversión. Las decisiones económicas que toman hogares y empresas, generalmente, son decisiones de largo plazo: hacer negocios, constituir una empresa, educarse, comprar vivienda, etc., las cuales dependen crucialmente del grado de incertidumbre sobre el futuro.
Una inflación baja y estable indica estabilidad macroeconómica que contribuye a que las personas y las empresas tomen decisiones de inversión con confianza y disminuye la incertidumbre respecto a la rentabilidad esperada de la inversión y por lo tanto en el crecimiento a largo plazo.
La economía panameña, tuvo entre 1984 y 2004 una inflación estable. Con la crisis del petróleo y la crisis financiera, la inflación marcó 8.7% en el 2008. Para el 2009, la inflación disminuyó a 2.4%, esperando que el 2010 cierre alrededor de este valor.