El uso de ventiladores en vez de aire acondicionados, los cortes en el transporte público y las libranzas entre semana se impondrán mañana en un Japón que, en plena crisis nuclear, busca ahorrar un 15% de energía este verano.
La difícil situación provocada por el terremoto y el tsunami del pasado 11 de marzo en la central de Fukushima mantiene, bien por revisión o prevención, 35 de los 54 reactores nucleares de Japón detenidos desde marzo.
La práctica totalidad de los pueblos y provincias que alojan estas unidades se niega a que éstas sean reactivadas hasta que su seguridad sea garantizada por las autoridades de un país que obtiene el 30% de su energía de la fisión atómica.
Por ello, el Gobierno y las eléctricas han solicitado a hogares y empresas, especialmente en la zona oriental, más expuesta a los efectos de la catástrofe de marzo, que recorten desde mañana hasta finales de septiembre su consumo energético en un 15%.
Varios fabricantes de vehículos, entre ellos Nissan, Honda y Fuji Heavy, se adelantaron un día a la medida y cerraron ya hoy muchas de sus plantas, pese a que el sector aún lucha por recuperarse del terremoto.
Pese a las limitaciones en el consumo, los grandes grupos automovilísticos, incluido el líder, Toyota, mantienen su objetivo de llevar su producción a los niveles anteriores al terremoto y tsunami para después de verano.
El resto de la industria del motor paralizará sus factorías jueves y viernes a partir de mañana, de acuerdo con un plan acordado en mayo que establece cierres entre semana y aperturas los sábados y domingos, cuando la demanda energética es menor.
La medida es necesaria, ya que las 10 eléctricas que monopolizan el suministro en las distintas regiones de Japón han calculado que su excedente de generación medio para verano será solo del 6,2%, por debajo del 8% recomendable.
Ayer Tokyo Electric Power, propietaria de la central de Fukushima, anunció que será capaz de producir, por primera vez tras la catástrofe, más de 50 millones de kilovatios en horas de máximo consumo.