R. La agricultura tiene un peso determinante en la casi totalidad de los países de América Latina y el Caribe, tanto por su contribución al PIB en el comercio interno y externo, como por los importantes contingentes de población rural y urbana cuyas vidas dependen directa o indirectamente de la agricultura. La importancia debe valorarse no sólo desde la economía sino también desde el imperativo de la seguridad alimentaria, lo cual hace referencia a la totalidad de la población. ¿Los especialistas se están enfocando hacia las nuevas realidades del comercio y de los acuerdos?
R. Las instituciones académicas están haciendo esfuerzos significativos por adecuar su oferta a los nuevos requerimientos que han surgido de las realidades del comercio y los acuerdos comerciales. Esto es algo a lo que la formación de los especialistas debe prestar particular atención.
Pese a los esfuerzos en marcha, todavía puede observarse una brecha importante entre lo requerido y las características actuales de la oferta educacional. Sin embargo, la calidad de dicha oferta debe valorarse no sólo desde un enfoque de mercado (comercio y acuerdos comerciales) sino desde un enfoque más amplio que conduzca a la formación integral de profesionales con un alto compromiso social y el desarrollo de auténticas características de liderazgo para el desarrollo del país.
R. Se requiere un modelo que tenga, por un lado, sólidas bases científicas, tecnológicas y humanísticas; y, por otro, que ponga en el centro del paradigma educativo las categorías de calidad y pertinencia, como lo viene recomendando insistentemente UNESCO. Por calidad puede entenderse el apego de los procesos y productos educacionales a los mejores estándares posibles. Por pertinencia puede entenderse la adecuación de los procesos y productos educacionales a las necesidades sociales de desarrollo y no sólo de los mercados. Podría afirmarse que el modelo educativo de nuestras escuelas de agronomía debe preparar profesionales aptos para la investigación, la producción, la agregación de valor, la gestión de unidades productivas y los procesos comerciales, dentro de un enfoque de desarrollo sostenible social, económico y ambiental. ¿Cuáles son las recomendaciones que haría usted como especialista en el campo educativo?
R. Para expresarlo en forma sucinta, sugeriría que se establezcan procesos muy frecuentes de revisión de la oferta educativa a la luz de los nuevos requerimientos económicos, sociales y ambientales del desarrollo. Para ello debe acometerse la transformación curricular con un fuerte apoyo en los mecanismos de evaluación interna de los programas académicos de facultades y escuelas; y en la evaluación externa y acreditación de las carreras agropecuarias.