Las fuertes caídas del mercado electrónico Nasdaq, que perdió casi un 25 por ciento de su valor en un mes, todavía no han desembocado en pánico de los inversores y hoy, en medio de una gran volatilidad, el índice recuperó tímidamente la senda alcista.
"La "burbuja" tecnológica se ha pinchado definitivamente y ahora habrá que reparar el daño causado con trabajo y paciencia", explicó Howard Ward, jefe de inversionde la firma de inversiones Gabelli Asset, al analizar el derrumbe de los últimos días.
Los expertos no se ponen de acuerdo ahora sobre cual será el nuevo nivel para el Nasdaq al reconocer que las fabulosas valoraciones que habían mantenido las empresas tecnológicas en los últimos años se han puesto en cuestión y desaparecido.
El mercado electrónico, donde cotizan la mayoría de las empresas de nuevas tecnologías, ordenadores e internet, se recuperó ayer ligeramente después del derrumbe del miércoles, el segundo de esta semana, cuando perdió un 7,1 por ciento.
A media sesión, este índice ganaba 64,23 puntos, equivalentes a un 1,7 por ciento, hasta los 3.833,86, aunque sin mucha convicción y la prueba de ello es que abrió a la baja.
Independientemente de estas recuperaciones momentáneas, la enorme inestabilidad del Nasdaq, que ha sufrido en los últimos tres meses las 10 caídas en puntos más grandes de su historia, ha producido consecuencias graves tanto en otras plazas bursátiles - que se vieron contagiadas- como en muchas multinacionales.
Por ejemplo, la capitalización bursátil de Microsoft, hasta hace poco la empresa más grande del mundo, ha bajado en 210.000 millones de dólares desde su máximo, aunque en este caso también ha afectado el fallo negativo respecto a la demanda por monopolio.
Cisco, el fabricante "número uno" de equipo para internet, ha visto reducido su valor bursátil en 117.900 millones de dólares e Intel, el principal fabricante de microprocesadores del mundo, en cerca de 83.500 millones de dólares, por mencionar algunos.
Las "estrellas" del internet como Yahoo o American Online han perdido de repente todo su atractivo para los inversores, y rebajado su tamaño bursátil en escasamente cinco semanas en 61.100 y 76.900 millones de dólares, respectivamente.
Estas pérdidas no solo son en papel, ya que muchos inversores, institucionales y privados, han perdido importantes cantidades al no poder cubrir posiciones colocadas a crédito, o tener que cancelar inversiones o adquisiciones en acciones.
Walter Price, analista de Dresdner RCM, explicó a la prensa que después de la extravagancia del último año, "la gente ha empezado a preocuparte seriamente por las valoraciones de empresas que no tenían beneficios y vivían de créditos y dinero prestado".
"Estamos presenciando - agregó - un regreso a los fundamentos a la hora de valorar una empresa, y tenemos que encontrar un nuevo modelo para saber cuanto vale o cuesta una empresa con futuro pero sin beneficios en el presente en el que trabaja".
El índice tecnológico del Nasdaq aumentó un 86 por ciento durante 1999 y casi de duplicó de nuevo entre octubre y marzo pasado, lo que produjo una diferencia enorme entre las valoraciones de estas empresas de la llamada "nueva economía" y el resto.
Los expertos pensaban que los buenos beneficios obtenidos por estas corporaciones durante el primer trimestre del año - cerca del 18 por ciento de media - debían ser suficiente para evitar una huida masiva de los inversiones pero esto no ha ocurrido.
En esa difícil búsqueda por conocer entonces cuanto valen estas nuevas empresa tecnológicas, Robin Griffiths, jefe de análisis de HSBC Securities, consideró que el deslizamiento hacia abajo no ha terminado y todavía queda mucho o bastante recorrido.
"Apostaría a que muchas tecnológicas tiene que caer aún entre un 40 y un 50 por ciento para tocar fondo", agregó Griffiths, quien estimó que es de esperar que el Nasdaq se estabilice alrededor del nivel 3.500, aunque no todos están de acuerdo con sus opiniones.
Sin embargo, los veteranos del parqué neoyorquino resaltan que lo importante en estas épocas de "vacas flacas" es tener paciencia y resistir ya que cuando se toca fondo, no hay otra dirección posible que la de volver a subir.