En Panamá, son mayormente los jóvenes panameños quienes enfrentan la disyuntiva entre educación y participación laboral y, en muchos casos, la necesidad de asumir simultáneamente ambas actividades; a su vez, son aquellos que trabajan en vez de estudiar los que sustentan el crecimiento poblacional del país, pues exhiben las tasas de fecundidad más altas y perpetúan de este modo el círculo de reproducción de la pobreza.
Por otra parte, también es significativa en Panamá la presencia de grupos de jóvenes urbanos y rurales que no buscan trabajo y tampoco asisten a la escuela.
Este hecho se debe principalmente al desaliento que provoca la búsqueda infructuosa, pero también a formas de componer ingresos por otras vías fuera del mercado de trabajo.
El Informe de Desarrollo Humano del 2004, revela que estos grupos están estrechamente vinculados a fenómenos de marginalidad e ilegalidad urbanas, que lamentablemente se perciben con creciente intensidad en las regiones urbanas de Chiriqui, Veraguas, Colón Coclé, Los Santos, Herrera, Panamá. De ahí la necesidad de identificar y diseñar políticas que contribuyan a retener a los jóvenes en el sistema educativo, o bien que propicien su adecuada inserción laboral.
A la escolaridad creciente de la fuerza laboral juvenil ya señalada debe agregarse el hecho de que en la mayoría de las provincias de la República de Panamá, más de la mitad de los desempleados jóvenes cuenta con ocho o más años de estudio.
Más aún, en Panamá en el año 2004 según datos la Contraloría General de la República, aproximadamente la mitad de los jóvenes desempleados tenía 12 o más años de estudio.
Como puede apreciarse, los niveles de escolaridad que presenta la fuerza de trabajo sub utilizada en panamá no son bajos, pero el insuficiente dinamismo de los aparatos productivos en materia de generación de empleos, especialmente en los sectores modernos, no permite a los jóvenes lograr una mejor inserción laboral.
Finalmente, la duración del desempleo es, por lo general, una fuente de preocupación, puesto que cuando esta situación se prolonga erosiona el capital humano.
Sobre todo si se considera que entre los factores que la demanda toma en cuenta para la contratación de mano de obra está la experiencia del postulante y que previamente no haya pasado por largos períodos de desempleo.
Al respecto, se debe señalar ante todo que la medición del tiempo de desempleo a través de las encuestas de hogares no siempre es confiable, además del hecho que este dato normalmente se registra en forma truncada.
De los datos disponibles suministrados por la Contraloría General de la República para cinco provincias de la República de Panamá se puede desprender que en el 2004 la duración del desempleo entre los jóvenes era mayor a los a seis meses, aunque con variaciones en el tiempo. En Darién, Colón, Veraguas, Coclé, Panamá y áreas indígenas la duración de desempleo era en promedio mayor de nueve meses.
En los sectores laborales urbanos de baja productividad, el empleo juvenil representa entre 14% y 25% del total.
(segunda entrega)