1. Etica. Hay que actuar con ética y moral. Si no se aplican y practican los principios que rigen el comportamiento humano, entonces a la larga los negocios no caminan y van rumbo al fracaso.
2. Amor por el trabajo. Trabajemos en las cosas que a uno le gustan, porque así la labor se convierte en un entretenimiento y más que eso se convierte en una pasión que se disfruta diariamente. Uno siente que no solamente está haciendo algo comercial sino contribuyendo de forma positiva al desarrollo del país y además, se generan fuentes de empleos.
3. Sentido empresarial. Es fundamental tener un buen ánimo empresarial, pues hay que emprender caminos muy arduos y riesgosos, en donde se pone en juego no sólo los capitales y el nombre, sino también la situación de sus colaboradores y familiares, quienes confían plenamente en quienes dirigen las empresas o cualquier negocio del cual depende su sustento para sobrevivir.
4. Pragmático. Uno tiene que ser muy pragmático como empresario porque no hay un sólo camino para lograr el éxito. La riqueza humana siempre la vamos a encontrar en la diversidad, por ello es muy importante que los ciudadanos y los Gobiernos entiendan que uno no puede dictar economía desde un centro de Gobierno. La economía es lo que hacen los ciudadanos y la riqueza de un país está en que cada quien vaya inventando su camino hacia el éxito.
5. Escoger un buen socio y el fracaso. Los socios son importantes, cada profesional se especializa en una rama y sus aportes complementan y asegurán un buen trabajo. Uno no puede pretender hacer todo y pensar que todo lo sabe. Tenemos que buscar socios que compartan los mismos sueños de rectitud, y que estén dispuestos a la investigación, que sepan tolerar los momentos difícles.
No hay que tenerle miedo al fracaso. Prácticamente no hay ningún gran empresario que en su vida no haya tenido fracasos. El fracaso en una empresa debería ser visto como un camino de experiencia que nos enseña a nosotros cómo hacer las cosas. Es vital recuperarse del fracaso.