La ignorancia es una de las lepras que inciden en los problemas económicos de la mayoría de las personas que, por falta de conocimientos, desconocen ventajas y desventajas que enfrentan ante una transacción financiera.
Por ignorar algunos aspectos fundamentales se afectan las arcas económicas de personas que desconocen beneficios que otorgan las leyes, no toman las precauciones o desaprovechan oportunidades que podrían hacer la vida financieramente más llevadera.
El sistema tributario ofrece senderos de oportunidades. Los expertos en banca y finanzas se inclinan en forma reverencial para explicar a los clientes como pueden hacer que su dinero logre germinar unos centavos de más que siempre son necesarios y nunca hacen falta.
La mayoría de los panameños cuando tenemos dinero, nos precipitamos a los centros comerciales sin medir los efectos negativos que causa el desenfreno por comprar; por gastar en cosas a veces innecesarias y especialmente indumentarias que lucimos una vez y luego, caprichosamente, apartamos porque "no encajan con nuestra personalidad".
Perturbados por el efecto visual y subyugados, por el acecho publicitario, muchas personas mentalmente se arrastran ante la imagen de tal o cual modelo que luce indumentaria costosa o etiquetada con un nombre internacionalmente famoso.
"El hábito no hace al monje" y está harto comprobado que podemos ser igual o mejor en apariencias que el o la modelo si lucimos vestidos que combinan con nuestra personalidad, porque en este mundo plagado de ridiculeces, cada uno nació con virtudes y encantos que descubrirlos y explotarlos adecuadamente, permitirá que nuestra personalidad se robustezca descartando la necesidad de recurrir a indumentarias caras y pomposas. Muchos pobres, hombres y mujeres, que para figurar intentan disfrazarse de ricos, para lograr tal efecto se sumergen en un pantano financiero adquiriendo desde zapatos costosos hasta ropa interior con encajes que solo exhiben en la intimidad.
Y en cuanto a bienes raíces se refiere, en el anhelo innato de toda persona de ser feliz, compran inmuebles costosos convencidos por promotores que en su deseo por vender, amparados en el derecho que tienen porque el negocio es lícito, presentan anuncios induciendo a disfrutar de las bondades del lugar.
Vender no es anormal, pero el adquiriente que no analiza la inversión que efectuará, está propenso a caer en una deuda cuya mensualidad succionará parte de su ingreso familiar.
Bienaventurado aquel que tiene recursos y puede optar por una residencia lujosa y tenga la capacidad económica para pagar una hipoteca, cubrir costes de luz, agua, teléfono, cuota de mantenimiento y otros agregados que aparecen en los tortuosos caminos de la vida.