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- Si yo prefiero comprar bonos en los que más o menos me asegure, depende de la calidad del tenedor de los bonos, de la protección de mi dinero y me conformo con una tasa de interés baja, en la medida que no quiero perder el principal. También está sucediendo un fenómeno muy importante que es la insurgencia de los mercados emergentes.
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Los mercados de valores atraviesan por un proceso de gran transformación, y la quiebra de Lehman Brothers fue un duro golpe para la economía capitalista.
Estamos viviendo un proceso de transformación muy grande, y así como el tránsito del siglo XIX al siglo XX estuvo caracterizado por la industrialización, el del siglo XX al siglo XXI se caracterizó por lo que ahora se llama la financierización.
Lo que era una industria regulada hasta los años 80 se desregula dramáticamente en los 90, y esa desregulación es la que ha llevado a los excesos de la banca. Y a partir de la crisis hipotecaria y la quiebra de Lehman Brothers, no hemos parado de ver problemas en el sector financiero.
El sector financiero sigue estando en la picota. La colocación de acciones de Facebook, por parte de Morgan Stanlee, fue un desastre absoluto. No es que la compañía sea mala o que no genere dinero, sino que colocar acciones requiere de cierta mesura, que en ese caso no existió.
Las pérdidas del JP Morgan, por sus inversiones especulativas o de cobertura en su oficina de Londres que podría llegar a los 9 mil millones de dólares y el escándalo de la tasa Libor en Inglaterra, también refleja un poco lo que ha sucedido con las entidades bancarias.
A raíz de la crisis del 2007-2008 y los rescates de la banca implementados en los Estados Unidos, y últimamente en Europa, desde que Mario Dragui tomó la presidencia del Banco Central Europeo, los retornos de la banca global se han reducido dramáticamente.
El sector financiero no es tan rentable como lo fue hasta hace 5 años, y las actividades alternativas de inversión de los bancos se han dado para compensar esa caída en el ingreso, pero la crisis no ha dejado de afectarlos.
Lo que va a suceder con estos últimos problemas financieros es propiciar que los reguladores sigan regulando. Tenemos una cantidad de reglamentaciones pendientes en el Congreso Norteamericano y otra cantidad en marcha en Europa, que van a seguir constriñendo la actividad de la banca y eso es más o menos inevitable.
Si los reguladores y el sector ejecutivo necesitaban alguna excusa para ordenar la banca ya no la necesitan, pues estos tres últimos eventos recalcan la necesidad de seguir regulando la banca.
El negocio financiero es un negocio que se está reduciendo, pero al mismo tiempo no podemos vivir sin bancos.
Hay una migración en el modelo financiero global, que está pasando de centrarse en la banca comercial o banca de inversión, a lo que se llama asset management, o sea gestión del patrimonio y asesoría de la inversión.
La gente va a seguir teniendo dinero y en algo lo tiene que invertir. Estamos entrando en un ciclo más aburrido, en términos financieros, que es un ciclo de banca privada.
Estamos migrando de un modelo de banca de inversión, que duró 20 años, a un modelo de banca privada que es menos rentable, pero menos regulado y tiene mayores proyecciones a futuro.
A nivel de mercado de valores, estamos saliendo de un modelo, de un ciclo de renta variable de acciones, que empieza en 1987 y termina en el 2007 y estamos entrando en un ciclo de renta fija de bonos.
Los ciclos de renta fija tienen que coincidir con un ciclo de alto crecimiento, porque la gente está dispuesta a tomar riesgos en virtud del rendimiento esperado. Los ciclos de renta fija tienden a reflejar momentos en los que la gente tiene temor.