Es indignante ver cómo aquellos que mantienen poder adquisitivo cada vez toman más fuerza dentro de los altos niveles económicos, mientras la gran mayoría de la población es cada vez más pobre.
En Panamá, los diferentes Gobiernos hablan de múltiples programas para erradicar la pobreza, invirtiendo miles de millones de balboas, pero son muy pocos los beneficios que llegan 100% a su verdadero destino.
Los Gobiernos se sienten orgullosos de que Panamá logre algún grado de inversión y que cuente con una economía estable y en crecimiento, pero la otra cara de la moneda prefiere mantenerla oculta.
Y ¡sí! hablan de erradicar la pobreza, pero no toman las decisiones ni las medidas necesarias para poner fin a este problema.
No existe conciencia objetiva sobre las consecuencias que traería el no erradicar la pobreza.
Y es que en esa población pobre, se encuentran nuestras futuras generaciones, de quienes depende mantener una economía estable y en crecimiento.
Pero es más fácil ver con vista gorda esta falta de responsabilidad y sentido humano, ya que “no es mi problema y no puedo hacer nada”.
En tanto, la población pobre vive con la esperanza de que su situación en algún momento mejore, conformándose con “las pequeñas sobras” que llegan a través de programas gubernamentales y de la buena fe de algunos individuos que, con sacrificio y voluntariado, deciden brindar apoyo a estas personas.