La revolución de la impresión 3D empieza con un café en Argentina
El recién estrenado café es uno de los indicios de que la bautizada como tercera revolución industrial .
Muñecos idénticos a sus dueños, fundas de móviles, gafas, tazas y dinosaurios, entre otros muchos objetos del 3DLab Fab & Café de Buenos Aires han salido de alguna de las impresoras 3D de este bar temático, pionero en Argentina.
El recién estrenado café es uno de los indicios de que la bautizada como tercera revolución industrial comienza a dar sus primeros pasos en la capital argentina, donde este fin de semana ha sido protagonista del Festival Internacional de Diseño (FID).
El 3DLab Fab & Café pretende ser un espacio informal de trabajo para diseñadores, arquitectos, ingenieros, emprendedores y aquellos interesados en la fabricación digital, pero también busca difundir esta tecnología entre los porteños.
"Se acerca mucha gente a mirar y preguntar. Bastantes creen que es un proceso rápido, como imprimir papel en una impresora, o que a partir de una foto o un dibujo se puede fabricar un objeto", explica a Efe Gonzalo Sánchez, diseñador del estudio DTres, sobre algunos malentendidos que rodean a la fabricación aditiva.
Las impresoras 3D funden material modelable -ya sea termoplástico, resina, polvo metálico o chocolate, entre otros materiales- y lo depositan capa sobre capa en un soporte, hasta construir el objeto deseado.
La técnica es más lenta y costosa que los procesos industriales tradicionales, lo que lleva a calcular el coste en horas de impresión, que aquí oscila entre los cien pesos (17 dólares) y los 350 pesos (60 dólares) por hora de la máquina con mayor resolución.
En cambio, genera menos residuos, ya que el material sobrante se recicla para una nueva pieza, y permite una mayor personalización, porque a la máquina le da igual imprimir moldes para coronas odontológicas y prótesis auditivas, que requieren ajustarse con precisión a cada paciente, que tu juguete favorito.
Escanearse a uno mismo en 3D y posteriormente reproducirse en un pequeño clon de plástico lleva alrededor de dos horas y media, afirma Sánchez.