A lo largo del siglo XX América Latina se caracterizó por la implementación de políticas cambiantes en relación a la inversión extranjera directa (IED). Durante la primera mitad de este período, las empresas extranjeras experimentaron un tratamiento más bien liberal a través de políticas pasivas que atraía IED que buscaba básicamente recursos naturales y mercados para manufacturas. No obstante, la creciente insatisfacción con respecto al impacto de la IED llevó a la adopción de políticas más activas, pero de una naturaleza restrictiva.
A partir de los años sesenta, estas políticas estuvieron lideradas por amplias y extendidas iniciativas de nacionalización de las filiales de compañías extranjeras vinculadas a la explotación de recursos naturales, así como la incorporación de nuevas limitaciones a la operación de empresas foráneas. Coincidiendo con la crisis de la deuda externa, y la escasez de financiamiento externo, las políticas con respecto a la IED comenzaron a cambiar nuevamente. Desde los años noventa, han prevalecido políticas pasivas horizontales caracterizadas por la apertura, liberalización y desregulación de las economías latinoamericanas, lo que unido a la privatización de activos estatales, ha atraído gran cantidad de IED.
Paralelamente, los países receptores suscribieron diferentes acuerdos internacionales de inversión extranjera, en el intento de dar garantías y seguridad jurídica a los inversionistas extranjeros, y así eliminar la desconfianza imperante. La mayor parte de la IED que recibió América Latina estuvo condicionada por dos nuevas orientaciones estratégicas: la búsqueda de mercados nacionales para servicios, y la búsqueda de eficiencia para la conquista de terceros mercados.
Así, la IED permitió ampliar la cobertura y la calidad de múltiples actividades de servicios públicos e infraestructura (telecomunicaciones, energía eléctrica, comercio minorista, servicios financieros) y aumentar de manera notable las exportaciones de manufacturas. No obstante, también comenzaron a evidenciarse ciertos grados de frustración con respecto a los resultados de la IED.
En los servicios, surgieron problemas de regulación y de competencia, algunos de los cuales terminaron en disputas inversionista-Estado en foros internacionales. En las plataformas de exportación de manufacturas, se evidenció una escasa transferencia de tecnología, débiles encadenamientos productivos, una limitada capacitación de los recursos humanos y un escaso desarrollo empresarial local.
El agotamiento de los planes de privatización unido al deterioro de la situación macroeconómica de algunos de los principales países de la región se tradujo en un debilitamiento del auge de la IED, cuyos ingresos cayeron de 78.1 mil millones de dólares a 39.1 mil millones entre 2000 y 2003.
En 2004, América Latina podría estar entrando en un nuevo ciclo expansivo de la IED, luego que las entradas alcanzaron los 56 mil millones de dólares, con un aumento de más del 44% respecto a 2003. Frente a este escenario, las autoridades locales enfrentan un gran desafío. En primer lugar, como mantener elevado el flujo de inversiones en los próximos años, y, en segundo lugar como implementar nuevas políticas activas y no restrictivas que permitan una IED de mayor calidad, compatible con las metas nacionales de desarrollo. Es necesario asegurar reglas del juego estables, en un contexto de expansión económica, que incentive la entrada de IED, al tiempo que se diseña una política tendiente a aprovechar mejor el impacto de esa inversión sobre el crecimiento. Ello requiere diseñar una política que defina lo que se espera de la IED, identificar las empresas transnacionales más funcionales a estos objetivos y atraerlas con distintos incentivos, así como implementar mecanismos de evaluación de los resultados de la política para efectuar los cambios necesarios. De este modo, se podría materializar una política de IED que no sufra cambios drásticos, otorgándoles niveles aceptables de satisfacción, tanto a los inversionistas como al país huésped.
Varios países de Asia y Europa han tenido buenas experiencias en mejorar la calidad de la IED que reciben a través de políticas más focalizadas. Salvo experiencias aisladas como Costa Rica y en menor medida Chile América Latina no ha logrado obtener beneficios acordes con los grandes volúmenes de IED que recibió en el último ciclo. Políticas activas no restrictivas podrían permitir lograr resultados más parecidos a países exitosos en otras regiones.
Latina debe lograr más
Desde los 90 han prevalecido políticas pasivas caracterizadas por la apertura de las económías latinas.