Los líderes y ministros de agricultura de América Latina (AL), desde Cuba a Uruguay, claman por un mundo sin hambre y criticaron ayer la política de subsidios que otorgan a sus agricultores los países ricos, en la cumbre mundial sobre la alimentación que se celebra en Roma.
"Que en el mundo haya hoy 815 millones de hambrientos, es realmente un crimen. Que los propósitos que acordamos casi seis años atrás estén cada vez más lejos de ser cumplidos, es una verguenza", afirmó este martes el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, en su intervención ante la asamblea de la Organización de Naciones Unidas sobre la Agricultura y la Alimentación.
"Podremos obtener los 24 millones de dólares anuales necesarios para reducir a la mitad en el 2015 el número de hambrientos, acordando un mínimo impuesto al millón de millones de dólares que gastan las transnacionales en publicidad comercial (...) o dedicando parte de los 350 mil milones dedicados a subsidios agrícolas en los países desarrollados?" se preguntó el canciller cubano ante la platea.
Como en el curso de la cumbre de 1996, cuando Fidel Castro se dirigió a los asistentes con un discurso claro y sintético, el representante cubano ilustró lo que considera las causas del llamado "genocicio" del tercer mundo, entre ellas el proteccionismo que aplican los países desarrollados a sus productos.
"Que abran sus mercados y propicien nuestras exportaciones", dijo. Pero el ministro cubano no fue el único que hizo un pedido directo a los países de la Unión Europea y a Estados Unidos.
Tres países importantes de América Latina, Argentina, Brasil y Uruguay, junto con una de las mayores potencias agrícolas del mundo, como Canadá, criticaron la nueva de ley de Estados Unidos para el sector agrícola (Farm Bill), calificándola de un "obstáculo" para el desarrollo y en la lucha contra el hambre en el mundo.