La agricultura y la seguridad alimentaria mundial enfrentan hoy desafíos que van desde el crecimiento poblacional al calentamiento global.
En gran medida, nuestro futuro dependerá de cómo enfrentemos estos desafíos. Esta situación exige que se responda de una manera más integrada y completa con estrategias sostenibles que tomen en consideración los impactos sobre los más vulnerables y la seguridad alimentaria global.
El medio ambiente no es inmune al crecimiento agrícola, como muestra la reducción de las áreas forestales. El cambio climático está afectando a la agricultura y en general las vidas de las personas de un modo inimaginable hace algunas décadas.
La tendencia a usar commodities agrícolas para producir biocombustibles surgió como una promesa para mitigar el cambio climático, pero trajo incertidumbres a causa de los riesgos para la seguridad alimentaria.
En el mundo 862 millones de personas sufren hambre, de los cuales 52 millones viven en América Latina y el Caribe. Y ese número puede aumentar a causa del alza de los precios de los alimentos. Las políticas agrícolas y de seguridad alimentaria necesitan ser revisadas para responder a estos nuevos desafíos.
El alza de los precios de los alimentos puede aumentar el hambre, pero también hay millones de pequeños agricultores que se pueden beneficiar de esta situación.
La Cepal estima que 36,1 millones de indigentes, poco más de la mitad del total de la región, viven en el campo. Si podemos ayudarlos a producir más y mejor, para consumo propio y venta en los mercados locales, se salvarán millones de personas del hambre y de la pobreza extrema. La transferencia de los precios altos de las commodities agrícolas a los agricultores puede aumentar la oferta e incentivar las inversiones. Para aprovechar las oportunidades se precisan políticas consistentes y sostenibles, e inversiones en capital humano, infra-estructura rural y otros bienes públicos.
Como decía el cientista social Betinho: quien tiene hambre, tiene prisa. Conciliando acciones inmediatas con otras de medio y largo plazo podemos avanzar en la superación de la pobreza y del hambre. El momento de actuar es ahora, y necesitamos de un esfuerzo integrado para enfrentar desafíos cada vez más complejos.
Recientemente, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo que tenemos las herramientas y las tecnologías necesarias para superar el hambre y que para hacerlo es necesaria la voluntad política y recursos mejor invertidos.
La bioenergía también ofrece una oportunidad de promover el desarrollo de algunos países pobres. Sin embargo, esta promesa sólo se realizará si se adoptan las decisiones adecuadas y se implementan las políticas correctas para garantizar la seguridad alimentaria, particularmente entre los pobres y los hambrientos.
(*) El autor es director general de la FAO.