Durante un periodo sostenido, Panamá ha logrado avances considerables en materia laboral, reduciendo de manera significativa la tasa de desempleo. Muestra es que entre el 2003 y el 2009 el desempleo pasó de 14% a 5.6%.
Desde entonces a esta parte ha continuado bajando hasta llegar en el 2013 a lo que algunos definen como pleno empleo (ubicándose en 4.5%).
Esa caída es atribuible a las altas tasas de crecimiento registradas en iguales periodos. Más aún, entre el 2013 y el 2014 se ha mantenido este alto empleo; de acuerdo con la Contraloría General de la República (CGR), entre marzo del 2014 e igual periodo del 2013, el desempleo pasó de 4.5% a 4.3%, es decir, se dio solo un leve aumento de 0.2%.
Esta desocupación representa una especie de desempleo temporal que surge cuando una porción de la masa trabajadora activa pasa de un empleo a otro; la misma constituye, por ende, una especie de proceso continuo de reajuste.
De hecho, durante el periodo 2013-2014 se generaron más de 50,000 nuevos empleos formales, lo que confirma la sólida dinámica del mercado de trabajo.
Desde una perspectiva de largo plazo; sin embargo, hay que destacar que persisten ciertos segmentos importantes de desempleo, principalmente entre los jóvenes, entre 15 y 24 años.
De acuerdo con la CGR en el 2014 se ha registrado un desempleo de 12% en este segmento, que de hecho ascienda a 14.7% entre las mujeres de la señalada edad. Esta tasa sin duda resulta superior al 2013, cuando fue de 10.8% y 13.9%, respectivamente.
Ello de hecho implica que la tasa de desempleo en ese segmento es casi tres veces más que lo es a nivel nacional. Más aún, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la tasa de desempleo juvenil de Panamá supera el promedio de la región de América Latina y el Caribe (donde es de aproximadamente de 2.5%).
Por otro lado, del 2013 al 2014, el número de empleos informales pasó de 497,141 a 549,412; es decir, registró un aumento de 10.5%. Lo anterior denota que, a pesar de la dinámica laboral, persisten problemas estructurales.
En tal sentido se identifican a nuestro juicio dos obstáculos: uno, la poca efectividad del sistema educativo como generador de conocimientos formales y habilidades como capacidad de liderazgo, de negociación, automotivación, habilidades blandas, emprendimiento o autoempleo y capacidad de análisis de parte de los estudiantes, lo cual afecta su potencial para ingresar al mercado laboral.
Otro obstáculo es la limitada oferta de carreras técnicas, cuyas características estén alineadas con la demanda.
Lo anterior explicaría las altas tasas de desempleo juvenil, así como que muchos de estos jóvenes en vez de trabajos formales se dedican a la informalidad como mecanismo de supervivencia económica.
El Estado, a través del Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (Inadeh) y el Ministerio de Educación, ha adelantando programas para mejorar la oferta educativa.
A pesar de los avances, persisten desafíos que incluyen reforzar la interacción entre las entidades públicas y el sector privado, incluyendo a la comunidad académica y gremios empresariales para alinear la oferta educativa con la demanda laboral.
Otro aspecto clave podría consistir en flexibilizar el Código Laboral y desarrollar incentivos para la contratación de jóvenes pasantes que buscan su primer empleo.