Esta semana el Ministerio de Seguridad reveló las estadísticas de los homicidios ocurridos en este año.
En total se afirma que desde enero hasta el 31 de mayo del corriente se registraron 278 homicidios. Los números reflejaron una disminución en comparación a la misma fecha del 2010 donde hubo 376. De la mano a estas cantidades, un diario de la localidad presentó su propio conteo; treinta muertos más que los oficiales. Sin poner en duda ambos esfuerzos, esos treinta casos representan un 10% en las estadísticas, que inclinan la balanza a favor de la estimación gubernamental. ¿Quién de los dos cuenta con la cifra exacta? Estas discrepancias, en las cifras también se presentan entre las fiscalías, la Policía Nacional y el Ministerio de Seguridad. Razón por la cual el Ministerio de Seguridad decidió concentrar las estadísticas desde estas oficinas como único emisor ante la opinión pública. El caso es que conocer estas estadísticas no es fácil. No solo los medios nos vemos en aprietos al solicitarlas, otras organizaciones han mostrado decepción ante sus peticiones.
Ante el panorama planteado, centralizar estos números podría dar sospechas a manipulaciones.
Bajar los índices delincuenciales no es cosa fácil, no es efecto inmediato, toma tiempo. Pero aquí tomará más, no habrá oficina que logre contener los números si la labor de las autoridades no se centra en la prevención, en el trabajo comunitario y la inteligencia. La represión no es sinónimo de seguridad. Esto es solo un síntoma de la gravidez del problema. A la policía le falta impactar dentro de la comunidad, integrarla, involucrarla en la misión preventiva, reorganizar los programa de vecinos vigilantes o los consejos consultivos de donde se obtiene mucha información sobre la situación en que se encuentran las calles. Esta es una forma eficiente de prevenir el delito, de hacer sentir la seguridad en los barrios y de enlazarse con sentir del ciudadano que pide resguardo.
En cambio si los esfuerzos se centran en la represión, como ocurre hasta ahora, dejamos en blanco esos espacios que los llena el crimen organizado, el hampa, las pandillas acrecentando los hechos violentos y la falta de dominio “territorial”. Es el caso de varios Estados de México, donde poco a poco, la autoridades fueron perdiendo terreno ante las “soluciones” que eran capaces de satisfacer otras fuerzas dejando por fuera las institucionales. Ahora son zonas intransitables, en total dominio del crimen organizado.
Faltaba entonces un poco mas de prevención.
Periodista.