Economía

Los precios "negociables" del crudo

Analistas consideran que Arabia Saudita estara confortable con un precio de $70 por barril.


DURANTE LOS últimos tres años, los precios del petróleo han subido debido a un fuerte incremento en la demanda.
Analistas consideran que Arabia Saudita, el líder de hecho de la OPEP y el mayor proveedor de petróleo en el grupo, estaría más confortable con un precio del petróleo en los $70 por barril.
De hecho, se ha informado que los sauditas convencieron a otros miembros de OPEP de que los $80 por barril sería un "techo" cosa que estaría por verse si se trata de un "techo de vidrio" o de acero. En realidad los árabes están preocupados sobre lo que el cartel pudiera estar contribuyendo a una crisis económica mundial. Han procurado una actuación prudente.
Quizás haya sido por ello que diez países, de los 12 miembros que tiene la OPEP, han estado bombeando más petróleo que lo permitido por sus previas cuotas. A excepción de Angola e Irak, los demás han suministrado un promedio de 26, 7 millones diarios de barriles de petróleo crudo durante el mes pasado, 900 mil barriles diarios más que su cuota colectiva.
Lo cierto es que 30 años después del ingratamente recordado embargo árabe de 1973, los precios del petróleo están el máximo en su historia y vuelan acompañados por la mayor dependencia mundial a los hidrocarburos y por el hecho de que los proveedores están ahora más que acostumbrados a los jugosos ingresos que les produce la situación. Tanto los precios del petróleo y los combustibles, como las ganancias de las compañías petroleras, están en sus máximos niveles históricos.
En materia petrolera el mundo sigue los pasos de Estados Unidos. Y ese país pudo haber reducido su consumo y consecuente vulnerabilidad ante el suministro de petróleo, si hubiera actuado decidida y realmente después del recordado embargo. En ese año importaba el 35 por ciento del petróleo que consumía, en la actualidad esa cifra es superior al 60 por ciento.
Pero los gobernantes y gobernados estadounidenses han fracasado en todas sus anunciadas aspiraciones de ahorro, pese a que es quizás la más vulnerable nación en el mundo a una interrupción de su suministro de petróleo, dependencia que -sin embargo- tiene un enorme impacto en sus políticas exterior, militar y económica.
Por ejemplo, los edificios residenciales (casas, apartamentos, etc.) en los Estados Unidos, son el más grande grupo consumidor de energía en el mundo, según lo establece un reporte emitido la semana anterior por el Instituto Global McKinsey (www.mckinsey.com
mgi), el cual concluye que ese consumo podría ser reducido por más de un tercio el equivalente de producción de energía de 110 plantas de carbón mineral que generen, cada una, 600 megavatios (medida de potencia eléctrica que equivale a un millón de vatios)-- si todas las formas de iluminación y utensilios y equipos caseros fueran las opciones eficientes conocidas y a disposición en el mercado mundial.
Esa tercera parte equivale a la producción de energía de 110 plantas de carbón mineral que generen, cada una, 600 megavatios (medida de potencia eléctrica que equivale a un millón de vatios).
Pero bueno, en estos mismos días el presidente George W. Bush ha anunciado nuevos esfuerzos para la producción estadounidense de petróleo; la creación de subsidios mediante impuestos para fomentar la producción de etanol -- este año se calcula la producción de 6 mil millones de etanol, en su mayor parte proveniente del maíz, pero apenas sustituye el 4% del consumo de gasolina del país --; requerir automóviles con mayor eficiencia en el consumo de combustible; y el desarrollo de programas de investigación y ahorro de energía, que a criterio de analistas no tendrán mucho impacto en las importaciones petroleras.
Específicamente, el Presidente Bush ha hecho un llamado para que en el 2017 se lleguen a producir 35 mil millones de galones al año de combustibles alternativos, desde etanol hasta diesel basado en carbón mineral.
Pero como tantos lo han dicho tantas veces: cualquier estrategia requiere reducir tanto el consumo del petróleo como fuente de energía y aumentar la producción de otras fuentes proveedoras.
De allí que ocurre entonces que usted se pregunta ¿cómo quieren que les crean, si todo su cuerpo grita que mienten?
  • De acuerdo con el antropólogo Albert Mehrabian, sólo el 7% de la comunicación interpersonal se realiza mediante las palabras. El 38% por medio de la entonación, proyección, resonancia y tono de la voz. El 55% con gestos, posturas, movimiento ocular, respiración, distancia corporal, etc., lo que se conoce como lenguaje corporal.


Alegría, tristeza, ira, desprecio, indiferencia, lástima, allí están los sentimientos. El cuerpo es un libro abierto para quienes saben leerlo.
Cuando de lenguaje corporal se trata, insistimos, uno puede equivocarse. Por ejemplo, llorar no siempre indica tristeza, rabia o frustración, puede ser también demostración de alegría o nerviosismo si va acompañado de risa y dependiendo de qué tipo de risa.
Dar resoplidos puede indicar que se respira con alivio o que se está sumamente disgustado.
Alguien se pone la mano en la frente. Puede ser que tenga dolor de cabeza, que esté dando a entender que lo que ha dicho o hecho otro o algo que haya sucedido le parece una tontería o que pasó algo que no se esperaba (por lo general negativo). Como cuando uno está sacando los huevos de las bolsas del supermercado y se hace la torta antes de llegar a la sartén. O se te rompe una cristalería de Swarosky.
Ponerse la mano en la boca. Puede ser sorpresa o ¡ah! ¡ah!, ¡y ahora qué va a pasar!
Alguien sostiene la quijada con la mano: está preocupado o deprimido.
Estrujarse las manos puede ser nerviosismo, jugosa ganancia o agradable experiencia que se anticipa. Lo último también es válido para quienes se pasan la lengua por los labios, lo cual también tiene una connotación sexual.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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