Economista Jefe de Análisis Sectorial/ Servicio de Estudios BBVA
S egún la teoría del caos, pequeños cambios en las condiciones iniciales de determinados sistemas naturales conducen a enormes discrepancias en los resultados.
O, como reza el proverbio chino, el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede desatar una tormenta en Nueva York varios meses más tarde. En sistemas complejos como la meteorología o la economía internacional, resulta imposible predecir con seguridad el futuro.
Esto es así porque los modelos que se usan descartan necesariamente los pequeños detalles, que mediante un proceso de amplificación pueden causar que el sistema evolucione de una manera totalmente diferente. Desde el verano pasado, nuestra mariposa es el mercado estadounidense de hipotecas subprime.
Pero esto es sólo la punta del iceberg, pues el problema es la excesiva innovación financiera. Unos modestos originadores hipotecarios concedieron créditos con criterios laxos a unos clientes con un alto perfil de riesgo, confiando en que la subida del precio de sus casas les permitiría refinanciar las deudas y hacer frente a los pagos.
Esos créditos se vendieron a las entidades financieras, que pasaron a ser responsables del riesgo. Las hipotecas se mezclaron con otras de mejor calidad, se titulizaron y se vendieron en los mercados. E inversores de medio mundo adquirieron esos valores, que contaban con elevadas calificaciones crediticias, asumiendo por tanto su riesgo.
¿Qué relación tiene la crisis financiera internacional con la globalización? Si se tira una piedra a un cubo de agua, probablemente rebosará.
Si el objetivo es un lago, las ondas que se forman desde el punto del impacto probablemente lleguen a toda la superficie del agua, pero con menor fuerza.
El que todas las economías formen parte de un lago, y estén conectadas entre ellas, hace que en conjunto sean más resistentes a los shocks, pero también que les lleguen las ondas de las perturbaciones ajenas.
Cierto es que en este lago hay más de una piedra. Por ejemplo, el aumento del precio del petróleo ha colaborado a amplificar el efecto de la crisis subprime en la economía mundial, drenando renta disponible de los agentes y elevando la inflación. Por tanto, los países más dependientes del petróleo están experimentando con mayor intensidad los efectos de esta crisis. En el lago también hay zonas en calma. El crecimiento económico de ciertos emergentes, como China o los países de América del Sur sigue siendo envidiable.
Ellos se han beneficiado de otro "shock" internacional, pero de signo contrario: la fuerte demanda de materias primas de aquellos emergentes que están aumentando su producción a ritmo elevado.
Y la producción aumenta tanto porque una gran parte va destinada a la exportación, gracias a la globalización de los mercados internacionales.
Así, el alza del precio de las materias primas ha ayudado a sostener los elevados ritmos de crecimiento.Por tanto, la solución no debería ser salirnos del lago, sino ser conscientes de que formamos parte de él.
Analizar si lo que importamos de otras economías lleva implícito riesgos importantes, y diversificar nuestras fuentes, para poder desplazarnos hacia las aguas en calma.