Con la construcción de esta planta, Panamá se encamina a aprovechar la oportunidad de exportar un producto que está teniendo gran demanda internacionalmente, y a la vez colabora a preservar y no contaminar el ambiente. Al paso que lo libera de desagradables olores.
Por ahora, las plumas, vísceras y sangre del pollo son aprovechados al máximo y son tratados cuidadosamente en la planta.
A través de dos líneas los subproductos son sometidos a hidrólisis, presiones, secados y vapores calientes que son totalmente controlados por computadoras.
Jorge Hidalgo, uno de los 8 técnicos que labora en la planta, explicó a El Panamá América que para convertir las plumas en harina, estas son sometidas a diversas fases, que primero inicia con la hidrólisis, el presecado (fase en que se combina con sangre para elevar su valor proteínico) y luego se somete a altas presiones y vapores, que involucra la pulverización y el lavado de gases, para eliminar los malos olores bajo estrictas normas de seguridad.
"Es la única planta en Panamá que es monitoreada así" recalca Olivares, ya que la alta teconología que posee es capaz, de detectar irregularidades y resolverlas inmediatamente.