Redacción Calle 50
Desde que se hizo patente que América Latina y el Caribe no era inmune frente a la crisis financiera y económica mundial, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) han indicado que la marcada desaceleración del crecimiento tendría diversos efectos en los mercados de trabajo y, por lo tanto, en el bienestar de la gran mayoría de la población latinoamericana.
Un menor crecimiento económico reduce la demanda laboral y provoca una caída de las tasas de ocupación. Como consecuencia, aumenta el número de personas desempleadas y la tasa de desempleo abierto.
En estas condiciones, la calidad del empleo también se ve afectada.
El poco dinamismo de la demanda laboral de las empresas formales y la ausencia o debilidad de redes de protección social para enfrentar el desempleo obligan a muchas personas a buscar ingresos alternativos en actividades informales.
Además, con el fin de reducir costos, algunas empresas informalizarían parte de sus contratos de trabajo. Sin embargo, no se espera que los salarios reales sufran disminuciones profundas, dado que esta crisis se desenvuelve en el contexto de una inflación decreciente.
Esto marca una diferencia con respecto a crisis anteriores, caracterizadas por significativos aumentos del nivel de precios, sostiene el análisis hecho por los citados organismos regionales.
De todas maneras, la crisis económica tendrá múltiples efectos sobre los mercados de trabajo, por lo que se espera una importante pérdida de empleo, sobre todo de empleo de buena calidad, alejando a la región aún más de la meta de lograr trabajo decente para todos.
Como se muestra en la primera sección de este boletín, la crisis empezó a afectar a las variables laborales partir de 2008, con diferencias entre los países respecto del momento del impacto inicial, y causó un deterioro bastante generalizado a partir del cuarto trimestre de 2008.
Los datos del primer trimestre de 2009 reflejan la continuidad y profundización de esta tendencia, con un aumento interanual de 0,6 puntos de la tasa de desempleo urbano. Si bien la región no es inmune a la crisis internacional, está mejor preparada para enfrentar sus consecuencias que en períodos previos, debido a las políticas cautelosas aplicadas en el período de auge.
Existe un amplio consenso acerca de que el espacio disponible debe aprovecharse para implementar políticas fiscales y monetarias anticíclicas, especialmente aquellas que tienen un impacto en el empleo.
Sin embargo, cabe señalar que en muchos países el espacio para las políticas fiscales expansivas es limitado, lo que subraya la importancia de la cooperación internacional.
Considerando las brechas de protección social prevalecientes en la mayoría de los países, también se ha destacado la necesidad de canalizar recursos para proteger a los grupos de población más vulnerables.
Asimismo, existe un amplio acuerdo sobre la importancia de las políticas del mercado de trabajo para proteger y reforzar la inserción laboral y frenar el deterioro de la calidad del empleo.