Con la inauguración del Ritz-Carlton en Key Biscayne, Miami-Dade da un paso más para convertirse en un paraíso de hoteles de lujo. Para finales del 2002, ocho nuevas propiedades de super lujo -más docenas de otras menos lujosas- habrán sido inauguradas en un término de dos años, un boom en construcciones hoteleras que rivaliza con el de Nueva York a comienzos de la década del 80 y el de San Francisco hace 15 años.
Dada la lentitud económica y el descenso en la ocupación en los hoteles de lujo en todo el país, el influjo de propiedades por un total aproximado de $1,000 millones, parece impropio para el momento, incluso apresurado. Pero los titanes financieros que respaldan estos proyectos insisten en que si bien inicialmente muchas de estas habitaciones pudieran permanecer vacías, sus hoteles salvarán esa dificultad y atraerán a un nuevo conjunto de viajeros de alto nivel hacia Miami.
"Si se observa el comportamiento de ciudades importantes, como Hong Kong, Londres, New York, París y San Francisco, Miami es una de las peor equipadas en términos de hoteles de lujo", dijo Stephen Owens, presidente de Swire Properties, dueña de Brickell Key y tres cuartas partes del Mandarín Oriental.
"Levantar la barrera en el mercado de gran lujo es mucho más fácil de lograr con varias banderas de calidad. En su momento, será beneficioso para todos. La gente normalmente no va a una ciudad por un hotel". El servicio impecable e interiores de super lujo distinguen a los hoteles de cinco estrellas de los de menos categoría, lo cual es determinado por el grupo de viaje de ExxonMobil. Las batas de baño deben ser suaves y absorbentes, las sábanas de la mejor calidad y el mobiliario hecho a la medida. Las tinas y la superficie de los gabinetes generalmente son de mármol. Los conserjes están disponibles las 24 horas del día y se dirigen a cada huésped por su nombre.