Tradición
- A través de la confección y comercialización del sombrero pinta’o los coclesanos preservan sus costumbres y tradiciones.
- Turismo étnico
- Las enaguas que utilizan y venden las indias ngöbes se han convertido en un atractivo para los turistas nacionales y extranjeros.
- Producto del mar
- Las comunidades que viven cerca del mar han sabido aprovechar las conchas y escamas de los peces para confeccionar diferentes clases de artesanías.
Emelda Villagra es una indígena de la comarca Ngöbe Buglé y desde hace algún tiempo trabaja con la organización artesanal Ego Kika, en la comunidad de Bisira, en Bocas del Toro. Allí, ella y sus compañeras se dedican a la producción de diferentes tipos de artículos, entre ellos batas tradicionales que utilizan las mujeres de esa etnia y que se venden a los turistas locales y extranjeros.
Esta entusiasta mujer habló de sus experiencias en su poblado y del orgullo propio frente a una responsabilidad en las actividades en que ella y sus compañeras se han involucrado; “con las mujeres somos capaces de dirigir y administrar con éxito este proyecto”, contaba y reflejaba un semblante alegre cuando se dirigió a más de trescientas personas con motivo de la entrega de fondos para invertir en sus iniciativas.

Este encuentro es el último de su tipo durante el año 2012 y corresponde a la distribución de 1 millón 4 mil 216 dólares con 85 centavos para 90 comunidades en las provincias de Bocas del Toro, Coclé, Chiriquí, Los Santos, Veraguas y la comarca Ngöbe Buglé.
Nuevas oportunidades.
Emelda conoce muy bien el contexto socioeconómico en que vive. “Con el aumento de la población se han creado múltiples problemas con la falta de las oportunidades”. Sin embargo, agregó, “hemos aprendido a planificar y tenemos posibilidades de mejorar nuestro futuro y así nos comprometemos con el medioambiente”.

Ella forma parte de un proyecto donde alrededor de 393 organizaciones comunitarias, campesinas e indígenas se benefician desde inicios de 2011 con una inversión de 4.8 millones de dólares que provienen del Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF por sus siglas en inglés) a través del Banco Mundial.
En Panamá este proyecto lo lleva adelante la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam), a través del Proyecto Corredor Biológico Mesoamericano del Atlántico Panameño en su fase II (CBMAP II).

Para recibir beneficios del Fondo de Inversiones Ambientales del proyecto CBMAP II, es necesario que las comunidades interesadas vivan dentro o en las zonas vecinas de las áreas protegidas del país, fundamentalmente en las provincias que tienen límites con el mar Caribe y las comarcas Ngöbe Buglé y Kuna.
El proyecto tiene una trascendencia social y cultural, además de los aspectos económicos y también de orden político. Uno de sus primeros requisitos es que la organización comunitaria esté organizada y tenga una personería, así como un protocolo de trabajo administrativo que el proyecto brinda a través de la capacitación, una vez que ha sido definida la actividad en que el grupo de hombres y mujeres se va a involucrar.

