La recolección de capital hecha por los ahorristas, considerada una tarea titánica y casi imposible “para los maniflojos y bota plata”, llega a su final ante el ataque de los duendes llamados necesidades, arreglos, obsequios y ofertas.
Según cálculos estimados, de los más de 250 millones de dólares los que han estado circulando desde principios del mes, producto del pago de ahorros y decimotercer mes, el 40% se gastó en comida, el 30% en arreglos del hogar o artículos.
El 20% del dinero es invertido en regalos, mientras que el 10% restante se destina a gastos variados, como salón de belleza, transporte y restaurantes, entre otros.
Por ello, es que las festividades de fin de año son consideradas las más costosas, ya que con la cantidad de dinero circulando, el movimiento comercial se incrementa desatando una batalla en la que imperan en igual medida la oferta y la demanda.
Comerciantes y dueños de almacenes como, Mayer Shabetay, consideran que buena parte de los ahorros navideños son destinados a nada más y nada menos que a la compra de alimentos, que es lo primordial.
Según él esto está comprobado con el hecho de que una vez el panameño obtiene sus ahorros se lanza inmediatamente a hacer las compras de víveres, y luego considera la compra de artículos para el hogar y los regalos navideños, cual si fuera una escala de intereses.
“Los compradores llegan al establecimiento y después de haber elegido la comida, se fijan en las cosas que pueden servir para la casa y luego en los regalos”, señaló Shabetay.
Un aspecto interesante dentro del comportamiento del consumidor panameño, es que a la hora de comprar los alimentos no adquiere los productos tradicionales de la canasta básica familiar. Por el contrario, incluye otros productos estacionales, propios de la época que hacen que el costo promedio de esta se incremente, según lo demuestran encuestas realizadas por la Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor (CLICAC).
Basta con comparar el costo promedio de la canasta básica familiar (B/.184.42) con los precios que mantienen los jamones, pavos y frutas importadas, para darse cuenta de que la inversión que hace el consumidor se duplica para consolidar una cena navideña o de fin de año.
Eredina de Castro, del departamento de economía doméstica de la CLICAC, señala que los consumidores compran por tradición y se olvidan de suplir las necesidades básicas y elementales, por lo que consecuentemente se ven envueltos en gastos excesivos, que terminan representando enormes deudas. Confeccione un presupuesto, y haga una lista de lo que va a comprar. Al momento de realizar una compra sea fiel la misma.
Es conveniente comprar con anticipación y poco a poco, así podrá cotizar precios y comprar donde vendan más barato y productos de buena calidad.
Se recomienda preparar menús sencillos o realizar una reunión familiar, donde todos aporten. Así disminuye los gastos y comparte. “Es importante que el consumidor coloque en orden de importancia cuáles son realmente las necesidades, para luego satisfacer los caprichos del Año Nuevo”, señaló la funcionaria.
Estas necesidades básicas no son más que la alimentación, la vivienda, el vestuario, educación, el pago de deudas y de los gastos y servicios, y el ahorro. Estas responsabilidades se ven relegadas cuando los deseos se multiplican y compartir un obsequio, un instante de alegría, resulta ser una acción costosa, que borra de la memoria el cumplimiento de las mismas.
“Es importante que se planifique la celebración, a fin de que el panameño pueda cumplir con todas sus necesidades y no se embauque en gastos que pueden traer inestabilidad financiera en el hogar”, reiteró Castro.
Sin embargo, y contrario a las observaciones realizadas, todavía existen consumidores que realizan compras de última hora y en vez de ahorrar durante todo un año para disfrutar de la alegría de compartir, se endeudan buena parte de sus vidas que significan 11 meses amargos, llenos de preocupación.