Milton Friedman, el premio Nobel de Economía que falleció el jueves a los 94 años, pasará a la historia como el "sumo sacerdote" del libre mercado, un pensador que levantó pasiones encontradas y marcó como pocos el siglo XX.
Tanto sus defensores como sus detractores coinciden, de todos modos, en que su visión del mundo era en última instancia sencilla, y se asentaba en su apasionada defensa de la libertad individual y en su convicción de que el libre mercado era la mejor forma de propiciar el enriquecimiento de individuos aislados.