Puede sorprender, y mucho, cuánto puede demorar un concepto relativamente simple en hacerse realidad, y este es el caso del automóvil híbrido. Presentado hoy por la industria como una novedad de última tecnología, lo cierto es que este concepto ha tenido su base teórica definida por ¡cerca de 200 años! En ese periodo se desarrolló la aviación, fuimos al cosmos, pisamos la Luna y entramos de lleno en la Era Digital.
Los primeros intentos de concebir y desarrollar vehículos híbridos se remontan a la primera mitad del siglo XIX, cuando los motores eléctricos y de vapor eran los reyes de la naciente industria masiva, tal cual la conocemos hoy. Los eléctricos eran silenciosos y económicos. Su estructura compacta, su bajo peso y fácil montaje y mantenimiento los hacían muy atractivos a los visionarios que comenzaban a visualizar una movilidad sin tracción animal. En 1890 W.H. Patton tuvo la idea de producir un tranvía con lo que hoy se llama propulsión híbrida en serie, pero con un motor de gas y eléctricos. Ya para ese entonces se habían inventado las baterías recargables, y los británicos H. J. Dowsing y L. Epstein patentaron ideas sobre hibridación en paralelo, las cuales fueron utilizadas posteriormente en los Estados Unidos para mover vehículos mayores, como camiones o autobuses. Dowsing, incluso, llegó a montar en un Arnold una dinamo que o bien arrancaba el motor de gasolina, propulsaba el vehículo o recargaba las baterías, tal vez fue el primer híbrido de la historia.